El escritor en la jungla de las frivolidades

Escribir es volverse sobre uno mismo y vivir la soledad.  Pocas actividades consumen así la esencia vital. Concebir y plasmar ideas no es soplar y hacer botellas. Cada palabra encierra un núcleo de energía, con el poder de transformar mundos. No subestimemos su fuerza. Doblega voluntades y provoca rendiciones. Porque siempre hemos necesitado de los cuentos. Las palabras se transmutan en dioses. Crean universos, vidas y cosas. Es una magia que toca destinos.

Cada palabra encierra un núcleo de energía, con el poder de transformar mundos. No subestimemos su fuerza. Doblega voluntades y provoca rendiciones. Porque siempre hemos necesitado de los cuentos.

El cacique del Amazonas inventando metáforas para que su hijo entienda los peligros de la vida. Aborígenes de las Galias dibujando historias en sus cuevas. Egipcios regalando sus misterios en jeroglíficos, para los siglos del mañana. Homero cantó gestas y así conocimos a Aquiles y a Helena, a Ulises y su viaje. Moisés educó a su pueblo con letras talladas en piedra.  La Iglesia registró su cosmovisión en pergaminos y libros, escondiendo tantos secretos que afiebran la imaginación y aplacan las consciencias. Vasallos florearon sus lenguas para hechizar a las damas de sus señores. Los chinos reprodujeron y Gutenberg se inspiró, logrando expandir la cultura como un viento libre y generoso.  En los laberintos existenciales de los pueblos están la poesía, sus mitos y religión, las comedias y sus tragedias, las angustias y sus esperanzas, las heridas y sus cicatrices, los miedos y sus misterios, las dudas y sus certezas, las cumbres y sus abismos, las leyes y su historia.



En los laberintos existenciales de los pueblos están la poesía, sus mitos y religión, las comedias y sus tragedias, las angustias y sus esperanzas, las heridas y sus cicatrices, los miedos y sus misterios, las dudas y sus certezas, las cumbres y sus abismos, las leyes y su historia.



Guerra y paz, esa dialéctica de nuestra humanidad, no existiría sin la palabra, que es un arma de doble filo. El puñal se clava en las mentes lectoras, pero ya venía ensangrentado del alma del escribidor. Las tormentas piden calma, que llega por la acción de escribir.  Pluma, laptop, dictados, revisiones, edición y publicación, la aventura de los locos. Si escribir fuera trivial, sería arena.

El puñal se clava en las mentes lectoras, pero ya venía ensangrentado del alma del escribidor. Las tormentas piden calma, que llega por la acción de escribir.  Pluma, laptop, dictados, revisiones, edición y publicación, la aventura de los locos.

Vargas Llosa nos dice que, para sobrevivir, “la literatura se ha tornado light – noción que es un error traducir por ligera, pues, en verdad, quiere decir irresponsable y, a menudo, idiota”[1].

Afirma:

“La literatura debe hundirse hasta el cuello  en la vida de la calle, en la experiencia común, en la historia haciéndose como lo hizo en sus mejores momentos, porque de este modo, sin arrogancia, sin pretender la omnisciencia, asumiendo el riesgo del error, el escritor puede prestar un servicio a sus contemporáneos y salvar a su oficio de la delicuescencia en que a ratos parece estar cayendo… todas las buenas películas que he visto en mi vida, y que me divirtieron tanto, no me ayudaron ni remotamente a entender el laberinto de la psicología humana como las novelas de Dostoievski, o los mecanismos de la vida social como La guerra y la paz de Tolstói, o los abismos de la miseria y las cimas de la grandeza que pueden coexistir en el ser humano como me lo enseñaron las sagas literarias de un Thomas Mann, un Faulkner, un Kafka, un Joyce o un Proust. Las ficciones de las pantallas son intensas por su inmediatez y efímeras por sus resultados; nos apresan y nos excarcelan casi de inmediato; de las literarias, somos prisioneros de por vida. Decir que los libros de aquellos autores entretienen, seria injuriarlos, porque, aunque es imposible no leerlos en estado de trance, lo importante de las buenas lecturas es siempre posterior a la lectura, un efecto que deflagra en la memoria y en el tiempo[2]”.


El novelista y ensayista peruano Jorge Mario Pedro Vargas Llosa fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año 2010. 

Para Vargas Llosa, el escritor debe ser un sujeto comprometido. Aislarse de los grandes problemas no es bien visto:

“(…) porque nada aguza mejor nuestro olfato ni nos hace tan sensibles para detectar las raíces de la crueldad, la maldad y la violencia que puede desencadenar el ser humano, como la buena literatura. (…) me parece posible afirmar que, si la literatura no sigue asumiendo esta función en el presente como lo hizo en el pasado – renunciando a ser light, volviendo a comprometerse, tratando de abrir los ojos a la gente, a través de la palabra y la fantasía, sobre la realidad que nos rodea-, será más difícil contener la erupción de guerras, matanzas, genocidios, enfrentamientos étnicos, luchas religiosas, desplazamientos de refugiados y acciones terroristas que se ha declarado y amenaza con proliferar, haciendo trizas las ilusiones de un mundo pacífico, conviviendo en democracia, que la caída del muro de Berlín hizo concebir (…) la literatura no solo servía para entretener, también para preocupar; alarmar e inducir a actuar por una buena causa[3]”.



La “civilización del espectáculo”, definida por Vargas Llosa, es “la de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. (…) Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”. 



Acierta al asomarnos los peligros. Enfermas de ansiedad por el dólar y cenas de etiqueta, las tendencias modernas estimulan el cliché, la masificación. Como la Literatura es un universo infinito, todos los gustos son posibles. Para complacerlos, la cultura baja de nivel y se adapta a los más vulgares. Los estafadores son la orden del día. Se autodenominan artistas. Defecan en las salas de los museos y se comen el excremento. Un público, cuya cultura nace y muere en el catálogo turístico, estalla en aplausos. De la superestructura de lo chévere nacen los esperpentos. Son genios porque así lo decidió la televisión.   

Los estafadores son la orden del día. Se autodenominan artistas. Defecan en las salas de los museos y se comen el excremento. Un público, cuya cultura nace y muere en el catálogo turístico, estalla en aplausos.



Defecan en las salas de los museos y se comen el excremento. Un público, cuya cultura nace y muere en el catálogo turístico, estalla en aplausos.

Mujeres hechas de silicona son ascendidas al Olimpo. Sus boberías hipnotizan a la masa hambrienta de chismes. Amos del hogar contemporáneo son la hembra que fue varón, concursos de flatulencias y el porno. No hay sinapsis que se salve. El flujo mediático, intensificado por Twitter, Facebook e Instagram, es brutal. Cobra víctimas y la Literatura es de las primeras. 

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Dicho esto, no hay que ser maniqueo.  El escritor tiene responsabilidades con el mundo y sus lectores. Las letras tocan vidas. Hay un significado trascendente, implícito en la intimidad que se da entre los usuarios de un libro y su autor.  Pero limitar el acto de escribir a una meta épica es una tontería. La vida ya tiene suficiente complejidad. Confrontar la existencia es la guerra entre nuestros deseos y los obstáculos que los frustran, que son muchos y crueles.  Lograr equilibrio entre lo que somos y nuestras aspiraciones es un reto difícil. El escritor provee armas para el combate. Pero el guerrero necesita distracción. Momentos de evasión y levedad que aligeren las cargas.



Pero limitar el acto de escribir a una meta épica es una tontería. La vida ya tiene suficiente complejidad. Confrontar la existencia es la guerra entre nuestros deseos y los obstáculos que los frustran, que son muchos y crueles. 



Raymond Williams advirtió sobre esta superestructura hegemónica. Y Walter Benjamin afirmó que la obra de arte ha perdido su aura y ahora es instrumento de manipulación. La civilización del espectáculo es un riesgo. Hay que evitar el exceso de frivolidad. La esencia de la cultura nutre nuestro interior, no podemos dañarla. El escritor debe asimilar esta encrucijada. Y podrá asumir su oficio como la oportunidad de aportar algo de sí mismo al acervo cultural. No tiene que hacerlo. Quizás no lo desea, o su talento es nulo. El lector tiene opciones. Y para escoger, necesita saber que existe una superestructura mediática, que controla sus pensamientos, gustos y deseos.



La esencia de la cultura nutre nuestro interior, no podemos dañarla. El escritor debe asimilar esta encrucijada.



La civilización del espectáculo llegó para quedarse y esto no tiene el por qué ser una mala noticia.  En toda época la frivolidad es el reverso de la complejidad y la mediocridad la sombra del talento.  Es baladí lamentarnos de nuestro tiempo, pensando que el pasado fue mejor. No es así.  En el mundo tecnológico, donde las ofertas de entretenimiento son tantas, tocará a los genuinos artistas hacerse su espacio en la jungla de las frivolidades.  Con tesón, el creador apelará a los gustos de la gente y cincelará las facciones de su cultura.



Las dificultades harán que muchos se resignen y se conviertan en monitos de las modas. Es un mundo libre y cada cual lo vive como le plazca. Otros, sordos a esa música de circo, serán escritores comprometidos y portarán las antorchas que iluminen los caminos.


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[1] VARGAS LLOSA Mario. La civilización del espectáculo. Editorial Santillana. Primera edición en Venezuela. julio 2012. Pág. 216

[2] Ibid., pág. 216.

[3] Ibid., pág. 217,218 y 219.

4 Comentarios

  1. Maryluz Gomez

    Disfruté mucho el artículo, me hizo reflexionar como lector sobre nuestras decisiones: ¿seguimos a escritores que han decidido portar luces para iluminar nuestro camino o seguimos escritores que se han convertido en monitos de esa moda de circo? ¡Excelente!

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  2. Malú

    La educación tiene una gran misión al formar ciudadanos críticos para que luchen entre otros aspectos contra la frivolidad, la mediocridad, el cliché y esa civilización del espectáculo barato… Excelente artículo 🤗

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