Elefante encadenado

Si le encadenas las patas a un elefante bebé y lo acostumbras a ser manso, al crecer nunca se sentirá elefante y su comportamiento será el de un ratón. En Cuba y Bielorusia nadie se alza porque la gente se acostumbró a vivir como ratones resignados, sin esperanza, sin fuerza para cambiar.

El rasgo más letal de los sistemas totalitarios es su capacidad para adormecer el espíritu humano, hasta atrofiarlo permanentemente. Estos sistemas son como un veneno aplicado en gotas, lenta y progresivamente van colándose en el espíritu e imperceptiblemente comienzan a modificar la forma del alma, haciéndola de barro para convertirla en una pieza de museo.

Hace unos años, Venezuela conmocionó al mundo con manifestaciones cívicas espectaculares. Las calles vibraban de energía libertaria, la indignación se expresaba con orgullo y valentía. Esa fuerza logró su objetivo, canalizada como un todo depuso al régimen tiránico, abriendo caminos a la libertad. La gente hizo lo que tenía que hacer, los errores posteriores, articulados por un puñado de políticos, militares y empresarios de medios, no deben borrar nunca la virtud del esfuerzo cívico que fue imparable y exitoso.

Pero a partir de los errores cometidos se fabricó una cadena gigantesca que le amarró las patas a la sociedad civil venezolana, dentro de una carpa rodeada de sonidos manipuladores. Estos sonidos se colaron en los corazones y progresivamente fueron sugestionando mensajes que sutilmente mutaban las formas de entender el drama que vivimos, convenciendo a la gente de que la calle no era una opción, que sus esfuerzos eran estériles y que la orquesta debía ser exclusivamente dirigida precisamente por aquellos que frustraron las conquistas logradas, cogollos y empresarios de medios que reiteradamente, con errores voluntarios e involuntarios, han ido apagando las luces de lo posible.

Y pasan los años. Lo que lucía imposible de materializarse, “porque en Venezuela eso no pasará”, se ha hecho realidad. Hoy somos una nación de emigrantes, hoy somos una tierra seca donde no crece nada bueno. Las expectativas han ido achicándose, los estándares de excelencia se borraron, caminamos en un país que ya no reconocemos. Y lo más peligroso de todo es que esta tragedia parece no importar. Parecemos una sombra inerte, un árbol muerto que solamente suelta hojas marchitas cuando a diario le dan patadas y le escupen.

Cada día que pasa es un día que retrocedemos, el calendario se paró hace años y cuando se mueve, es para mostrarnos que caminamos al revés. El mundo progresa. Latinoamérica supera estadios primitivos y se conecta con la modernidad. Lo mismo pasa en Asia, Medio Oriente, Eurasia y África. El planeta evoluciona, la ciencia y la tecnología están volando en cohetes supersónicos. Pero nosotros contemplamos todo esto como si fuera una película de ficción, algo inalcanzable. ¿Y porqué nos pasa esto? ¿Qué poción nos dieron de beber para que nuestros espíritus no reaccionen ante tanta frustración, ante toda esta humillación que sentimos en las entrañas?

Las patas del elefante venezolano están encadenadas, y el nudo cada vez necesita apretar menos, dentro de poco, dentro de muy poco, no será necesaria cadena alguna, podremos estar con las patas libres, pero nos quedaremos inmóviles, sintiéndonos como ratones de circo y no como los elefantes gigantes que podríamos ser.

Nada, absolutamente nada, nos obliga a condenarnos al destino que hoy nos marca con un sello mortal, tatuándonos calaveras y morisquetas en cada centímetro de nuestra piel. Hace años que sobran las razones para quitarnos de encima la cadena que nos atrapa. Cualquiera de las mil razones que existen son suficientes para escaparnos de esta carpa de sonidos perturbadores. Alianzas con terroristas, convenios que hipotecan el futuro, salvajes violaciones a cada valor que hace digna la vida.

Pero optamos por cerrar los ojos y taparnos las orejas. Pasan cosas horribles, inaceptables, niños portando fusiles de guerra y hombres que con las armas de la República juran lealtad a una morisqueta humana. Presos inocentes pudriéndose en las cárceles, tantas vejaciones, montañas de violaciones a los más sagrado de la existencia pero no pasa nada. Seguimos metidos dentro de la carpa, con las patas encadenadas, presenciando juegos de magia, pitos y música, retórica y concursos de popularidad, trucos y más trucos, magos y conejos, trapecistas fantásticos y colores, sonidos que embriagan los sentidos, adormeciendo todo los que nos hace humanos y libres. La serpentinas y los payasos, los animales exóticos y las golosinas, todo lo que fluye dentro de esta carpa son dardos venenosos que se nos clavan en el alma, volviéndonosla de barro, preparándola para su exhibición en los museos de la muerte.

Y al presenciar estos actos con la boca abierta y las neuronas cerradas terminamos creyendo que los magos y sus sombreros, en lugar de trucos nos están dando las respuestas que necesitamos.

El sonido que escuchamos es exclusivo porque todos los demás son vetados, es como si en lugar de mensajes nos estuvieran dando latigazos, pero ya no sentimos dolor, nuestras carnes parecen de plástico, aplaudimos y reímos, cuando deberíamos salir corriendo.

Un dedo metido dentro de un pote con tinta es la versión venezolana del mago buscando el conejo dentro de su sombrero. Esa es la excusa de toda esta parálisis, la justificación perfecta para no ver lo que realmente nos está pasando. Todos encadenados, todos quietos y tranquilos, pasivos espectadores de un acto de magia que lo resolverá todo.

Venezuela ya no es Venezuela. Es más justo, más apegado a la verdad, afirmar que Venezuela es hoy un elefante encadenado. El tiempo pasa. Los años no vuelven. Falta muy poco, escandalosamente poco, para que nos suelten la cadena porque la misma ya no será necesaria.

¿Hay salida a esta condena? La respuesta a esta interrogante solamente puede dársela cada quien en lo más íntimo de su ser, dentro de las cuevas oscuras de su existencia.

Pero me atrevo a darles una pista: rompamos la cadena, solamente rompiendo la cadena podemos salvarnos. Si esperamos a que nos desencadenen, a que el mago en vez de mago sea fuerza real, ese día llegará, pero ya será muy tarde.

El día que sea otro el que nos desencadene las patas, ese día luciremos como elefantes pero nos sentiremos como ratones. Si esperamos a que ese día llegue, ese día llegará. Y cuando salgamos de la gran carpa, encontraremos la nada…

¿y qué haremos entonces?

Probablemente pediremos que nos metan otra vez en la carpa…y allí dentro encontraremos nuestro circo y experimentaremos que el destino nos regalará su último truco, volviéndonos la vida un soplo de nada para que vivamos como si estuviéramos muertos…un cruel y merecido acto final, la magia que tanto esperábamos se habrá hecho realidad, pero no de la forma que alguna vez soñamos.

Rompamos esta cadena antes de que la magia del circo nos regale su secreto. Rompamos esta cadena, recordemos que somos capaces de hacerlo, que nada ni nadie haga que olvidemos que podemos hacerlo…seamos libres.


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25 Comentarios

  1. Ana E Duarte

    Excelente! No pudo haberlo descrito mejor! Le envío una sincera felicitación. Orgullo venezolano! ¿Cómo se pueden romperse ahora mismo esas cadenas? Ud ya está contribuyendo a ello con ese artículo. Todos debemos leerlo y releerlo para que ocurra el despertar. CASI NO QUEDA TIEMPO. GRACIAS DR. SOSA. Saludos

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  2. Lisett

    Extraordinario, especifico y simplificado , el elefante significa prosperidad y fecundacion ,como lo describes “ENCADENADO” asi mismo describes la triste realidad del futuro para Venezuela , no solo seremos ratones , tambien sera el mal fruto de una fecundacion fuera del embrion sin properidad y desarrollo.
    Aplauso de pie tu blog

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  3. Nexcy Hernandez

    Excelente reflexión q nos invita a pensar en esos fracasos del pasado q nos inmovilizan, con cadenas visibles o invisibles, nos paralizan física y mentalmente evitando así que avancemos , creando espejismos, fantasmas e inseguridades en nosotros mismos. Hoy justo hablaba c un familiar cercano ,sobre este tema, a veces es nuestra propia familia, educación, bienes materiales o la misma cultura q llegan a convertirse en estacas q nos amarran a esas cadenas y nos impiden movernos hacia la tan añorada libertad. El miedo aterrador al fracaso, a salir de nuestra zona de confort, es lo q nos impide dar el 1er paso; aquí donde vivo le llamamos a esto “cold feet” q no es más q ese miedo, el pensar lo dos veces, la indecisión para continuar

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  4. Mary Parra

    Juan Carlos como siempre en el camino de la lógica y con tu especial manera de expresarte que hasta los tontos comprenderían, siempre he tenido mucha admiración y Fe en ti. Si te escucharan!!! Un abrazote amigo querido y siempre tan especial!!

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  5. Leonardo Salazar

    Esta es la realidad nuestra, Sosa ha realizado una muy buena radiografía. Es verdad, todavía estamos a tiempo de cambiarla y tal vez ayudar a que la gente cubana apropie la energía que requieren para liberarse de las cadenas mentales que los oprimen. Todavía no han podido oprimir nuestra voluntad y mente, estamos a tiempo pero no tenemos mucho tiempo. Vamos!

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  6. Leonardo Salazar

    Esta es la realidad nuestra, Sosa ha realizado una muy buena radiografía. Es verdad todavía estamos a tiempo de cambiarla. Todavía no han podido oprimir nuestra voluntad y mente, estamos a tiempo pero no tenemos mucho tiempo. ¡Vamos!

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  7. yasmin vallejo

    Ayer fue uno de eso días, donde me sumergí en la tristeza, del porque sigo en un país sin destino ? , somos humanos vale caerse, yo he sido luchadora y pro activa a mi país, hoy gracias a Dios es un nuevo día, y no me permití que el día de ayer se convirtiera en un para siempre.. Me encanta leerte ciertamente debemos romper mas cadenas no es suficiente lo que hacemos hay que hacer mas.

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  8. Miriam Mandawes

    Dr.Sosa Azpurua…mis respetos por esta articulo en el cual desglosa tanto en introspectiva como en retrospectiva la terrible realidad del venezolano…no se imagina lo conmovida que estoy.Gracias por ser La Voz en estos tiempos de Oscurantismo.Saludos

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  9. Auxiliadora

    Excelente analisis de la tealidad venezolana y la del pueblo de venezuela unos conformes con esta realidad que nos humilña y otros que buscamos la esperanza en quien se pone el palto de la esperanza y salomos en respaldo .La realidad es que sin lucha en las calles nuestro destino es como las cadenas del elefante

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  10. Erica Garcia Johansen (@ericagjoh8)

    Dr. Sosa, comparto las felicitaciones por su artículo. Es, en verdad, una magistral descripción de la realidad que estamos viviendo en Venezuela y resalta los temores que muchos tenemos sobre nuestro futuro como ciudadanos.
    Ahora bien, por excelente que suene “rompamos esta cadena”, mi pregunta es, ¿cómo? ¿Cómo lo hacemos? Como sociedad, hemos intentado hacerlo juntos, saliendo a la calle una y otra vez. En enero incluso acá en Puerto Ayacucho, lugar en el que nunca sucede nada, hubo protestas que se cobraron dos vidas. Y, al final, no ha servido para nada. No ha habido ningún dirigente político que haya sabido (o querido) capitalizar el raudal humano que inundó Venezuela.
    Como individuos, es aún más difícil. Yo puedo ser muy consciente de la cadena y tener muchas ganas de romperla. Pero no vivimos en una democracia. Vivimos en un país en el que los cuerpos de seguridad son una mafia. Las protestas individuales, el desconocimiento de la autoridad como le he escuchado proponer alguna vez (como Rosa Parks), es un suicidio porque vivimos en un estado sin ley.
    Entonces, ¿Cómo lo hacemos? Juntos no nos dejan. Solos no podemos. Un “Mesías” político va a hacer más de lo mismo, promesas vacías para cambiarnos la cadena de pata.
    Si tiene tiempo, me encantaría conocer su opinión al respecto. Muchísimas gracias por el artículo y felicitaciones por el blog.

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    1. Juan Carlos Sosa Azpúrua

      Muchas gracias por tus interesantes reflexiones Erica, que comparto en su totalidd. La única salvación que tenemos ew a partir de una acción de fuerza. El régimen monopoliza a las FFAA, por lo que esa acción debe organizarse con alianzas internacionales. Lo único que queda es exigirlo, una y otra vez. Y ser muy críticos con la realidad y sus dirigentes. En este momento no veo mucha luz. Pero hay que mantener la esperanza y la lucha. Los milagros osn posibles, remotos, pero posibles. Un abrazo.

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  11. alida alfonso

    Waoo que real , este articulo me conmovio hasta provocar el llanto, es una realidad que vivo y siento, ahora nos toca seguir con el apoyo al #TIARparaVenezuela, espero que se ejerceza el derecho ciudadano de exigir que se avamce desde la presidencia interina para que rompamos como ciudadanos esa cadena antes que lo haga el mismo carcelero y nos pase como a los esclavos cuando les fue concedida su libertad y no sabian que hacer con ella.

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