El Simbolismo: La belleza del infierno

El Simbolismo, movimiento poético que surgió en Francia y Bélgica a mediados del siglo XIX, fue una reacción a la excesiva racionalidad de la Ilustración y la mimética con lo natural del Naturalismo, al excesivo esteticismo de los parnasianos y al sentimentalismo de los románticos.

Los poetas buscaban viajar a sus mundos interiores, para descubrir un universo inhóspito, donde emociones y sentimientos – la intuición misma – fueran los planetas y las estrellas. A partir de lo desconocido, los simbolistas le daban cuerpo a lo inefable. Como fantasma escurridizo, el mundo interior del poeta se valía de los símbolos externos para armar la estructura semántica, que de una u otra manera les interpretara con fidelidad lo que la sociedad burguesa era incapaz de representar: las pulsiones más profundas de lo humano, lo que hace que la vida cobre algún significado que justifique la existencia.

Stéphane Mallarmé (1842 – 1898)

Eran rebeldes con causa. Se rebelaron contra los prejuicios de una sociedad que pretendía encasillar al ser humano dentro de un código prestablecido, robotizándole en sus usos y costumbres, volviéndole una entidad predecible y limitada. Ante el hastío producido por los convencionalismos, por la vida hecha cubículo y mesada, el poeta reaccionó pintando un cuadro deforme, el garabato sujeto a infinitas interpretaciones.

La poesía penetró las cavernas submarinas del alma humana y se conectó con los seres que allí hacen vida. Especímenes únicos, diferentes, extraños al ojo convencional. En estas profundidades la única luz es proyectada por la imaginación sensible. Persiguiendo al fantasma de sus emociones, el creador se vale de las visiones arquetípicas, adelantándose, en más de medio siglo, a las revelaciones sobre lo inconsciente que hizo Freud y de los arquetipos, con los que se conectó Jung .

Freud (1856 -1939) y Jung (1875 – 1961)

Usando la poesía como un puente entre el universo interior y la sociedad, los poetas insurgieron con un lenguaje trascendental, con el cual superaban los límites de lo racional, alcanzando un todo universal, que para Rimbaud nunca se logró (retirándose a África para más nunca escribir).

La rebeldía poética arrancó la camisa de fuerza del mundo conocido, para volar hacia el espacio donde cualquier restricción es superable. Lo prohibido perdió su autoridad y se hizo salón lúdico.

Mordiendo la manzana de la tentación, traspasada las fronteras más peligrosas, los poetas quebraron el molde de la razón, del puritanismo social, del clasismo imperante, valiéndose de todos los recursos creativos, capaces de ser generados por la mente para representar lo irracional, lo que no se capta con el uso de la lógica. Los sueños, el misticismo, los mitos de la antigüedad y lo arcaico dejaron de ser territorios poco visitados por el lenguaje. Los poetas emplearon sus experiencias por estos linderos para rescatar sensaciones, pulsiones vitales que no se explican con los significados tradicionales de la razón.

Así, dejaron de ser turistas del más allá, para convertirse en viajeros frecuentes del inframundo y del Paraíso, aterrizando en mundos oníricos, para darles forma y pintarlos de colores.

Cortaron las amarras e izaron el ancla, que hasta entonces mantenía al barco existencial en aguas tranquilas. Se aventuraron a navegar nuevos océanos y visitar islas solitarias, habitadas por seres desconocidos. Ignoraron cánones aceptados y normas sociales. Esta fractura produjo heridas sangrantes, que no cicatrizaron. Cual espejo roto, la sociedad no reflejaba con armonía la vida de estos poetas. Entonces vino el rechazo, la incomprensión y la condena.

P. Verlaine (1844 –1896)

Poetas malditos fue el nombre escogido por Paul-Marie Verlaine para bautizarse a sí mismo y a sus colegas: Charles Pierre Baudelaire; Jean Nicolas Arthur Rimbaud y Stéphane Mallarmé.

En vida no conocieron el sosiego. Sus valores y visiones de lo mundano, chocaban con muros graníticos, erigidos por las tradiciones y las normas de conducta reconocidas como civilizadas.

Jean Nicolas Arthur Rimbaud (1854 –1891)

Estos poetas recurrían a los alucinógenos y demás drogas para evocar imágenes novedosas. Para encontrar la belleza de lo feo, se adentraron en el submundo y así amaron a las prostitutas, tuvieron sexo homosexual, emularon a los mendigos y entablaron amistad con los delincuentes. Este experimento existencial obró fórmulas lingüísticas explosivas, que nunca fueron comprendidas por los críticos de su tiempo.

Tomemos como ejemplo Himno a la belleza. En este poema – pieza del poemario Las flores del mal (1857)-, de Charles Baudelaire, encontramos los rasgos más resaltantes del Simbolismo.

Charles Baudelaire (1821 – 1867)

El poeta se vale de la ironía y los contrastes, para enseñarnos que la belleza solo es posible cuando se fusiona con la fealdad. El oxímoron del título del poemario, lo vemos reflejado en los versos de Himno a la belleza. Es con ese contraste que se refleja la fusión, que esconde la clave semántica que revela lo oculto de la naturaleza humana.

Veamos el poema:

Himno a la Belleza

¿Del hondo Cielo vienes o del Abismo sales,
Belleza? Tu mirar, infernal y divino,
el beneficio con el crimen reparte confundido,
y es por ello que todos te comparan con el vino.

Llevas en los ojos el ocaso y la aurora,
y esparces tantos perfumes cual tarde tormentosa;
tus besos son un filtro y tu boca es una ánfora
que siembran coraje en el niño, y en el héroe, congoja.

¿Desciendes de los astros o del averno sales?
El Destino, como un perro, tus faldas sigue encantado,
y siembras al azar alegrías y desastres,
y aunque sobre todo gobiernas, de nada eres responsable.

Caminas sobre los muertos, Belleza, y de ellos te burlas;
el Horror no es la menos cara de tus alhajas,
y el Crimen, contado entre tus joyas más caras,
amorosamente sobre tu vientre orgulloso baila.

Los insectos deslumbrados hacia ti se dirigen, candela,
crepitan y arden, y exclaman: “¡Bendita la flama!”.
El amante, jadeante, inclinado sobre su amada,
moribundo parece que acaricia la tumba anhelada.

¿Que vengas del Cielo o del Infierno, qué importa,
Belleza, monstruo enorme, ingenuo, pavoroso,
si tu mirar, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta
de un infinito que amo aunque desconozco?

De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel o sirena,
¿qué importa?, si me haces —¡hada de mirar suave,
ritmo, perfume, lumbrera, oh mi única reina!―
el mundo menos odioso y los instantes más suaves?

Baudelaire utiliza el ritmo como un recurso estético. Al analizar los verbos empleados por el poeta, notamos que hay un predominio de la segunda persona singular del presente indicativo: Vienes, Llevas, sales, desciendes, caminas, vengas, bajas… También utiliza la reiteración como recurso rítmico: ¿Que vengas del Cielo o del Infierno, ¿qué importa? De Satán o de Dios, ¿qué importa?

A menudo recurre a los adjetivos. A veces los antepone para darle fuerza lírica a los versos: hondo cielo; otras para imprimir un carácter poderoso: infernal y divino, tarde tormentosa, monstruo enorme, vientre orgulloso… Un número significativo de estos adjetivos, así como sustantivos, tienen una semántica negativa, vinculada al inframundo, a la noción de “mal”: infernal, averno, tormentosa, desastres, muertos, horror, crimen, moribundo, tumba, insectos, monstruo, pavoroso. Como dijimos, el poema pertenece al poemario Las flores del mal, título que, como también señalamos, calza como anillo al dedo para este poema en particular, ya que la belleza simbolizada por las flores está entrelazada con la corrupción ocasionada por el mal, con lo feo, el horror; y de allí el oxímoron empleado por el artista.

El recurso literario más frecuente es el de la antítesis (entendida aquí como fusión de opuestos para crear la unidad semántica). Todo el poema hace alusión a la contradictoria naturaleza de la Belleza, su doble rostro, mostrando sus rasgos positivos y negativos: hondo Cielo vienes o del Abismo sales; infernal y divino; ocaso y la aurora, ¿Desciendes de los astros o del averno sales?, alegrías y desastres; Satán o de Dios; ángel o sirena.

Con esta función semántica de la antítesis, se proporciona al poema un ritmo de dos caras, binario, que se refuerza con el uso de estructuras bimembres: ¿hondo Cielo vienes o del Abismo sales?, ¿Desciendes de los astros o del averno sales?, tus besos son un filtro y tu boca es una ánfora, ¿De Satán o de Dios, ¿qué importa?

Baudelaire también recurre al quiasmo como instrumento rítmico: el mundo menos odioso y los instantes más suaves, el encabalgamiento: tu boca es una ánfora/que siembran coraje en el niño; inclinado sobre su amada/moribundo parece que acaricia la tumba anhelada; y la enumeración con asíndeton: si tu mirar, tu sonrisa, tu pie…

El poema alude al peligroso camino que se recorre tratando de conquistar lo bello. La Belleza es azarosa y no responde a deudas de ningún tipo. Como tal, abre un destino incierto a aquel que busque besarla: El Destino, como un perro, tus faldas sigue encantado, y siembras al azar alegrías y desastres, y aunque sobre todo gobiernas, de nada eres responsable. Se trata de una amante escurridiza e infiel, capaz de ofrecer los mayores encantos, pero también de dañar y destruir: Belleza, monstruo enorme, ingenuo, pavoroso… Es imposible entender a la Belleza, sin captar que lo feo, el horror, lo monstruoso es tan intrínseco a ella, como lo celestial y bondadoso.

La Belleza es una ilusión, que se anhela con ímpetu infantil, pero que termina siendo fuente de sufrimientos: Tu mirar, infernal y divino, el beneficio con el crimen reparte confundido, y es por ello que todos te comparan con el vino… y esparces tantos perfumes cual tarde tormentosa… tus besos son un filtro y tu boca es una ánfora que siembran coraje en el niño, y en el héroe, congoja.

Baudelaire emplea multitud de símbolos para ilustrarnos sensaciones, matices, sonidos y olores: perfumes… insectos deslumbrados… flama… infinito… alhajas… Satán… Dios… Ángel… sirena… reina…

El poema transmite que por la Belleza vale la pena el dolor y la entrega de la vida: El amante, jadeante, inclinado sobre su amada, moribundo parece que acaricia la tumba anhelada. Es a través de la Belleza que entendemos y valoramos la existencia. En este sentido, igual que la muerte es el corolario de la vida; el sufrimiento es el precio que se paga por experimentar lo bello: Caminas sobre los muertos, Belleza, y de ellos te burlas; el Horror no es la menos cara de tus alhajas, y el Crimen, contado entre tus joyas más caras, amorosamente sobre tu vientre orgulloso baila.

No hay muerte si primero no hubo vida. Tampoco puede haber Belleza, si no se conoce el infierno:

De Satán o de Dios, ¿qué importa? Ángel o sirena, ¿qué importa?, si me haces —¡hada de mirar suave, ritmo, perfume, lumbrera, oh mi única reina! ― el mundo menos odioso y los instantes más suaves?


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Fuentes consultadas

VERDE AROCHA, Carmen. Poesía moderna. Escuela de Letras UCAB. A.JCSA.
https://hilosprimitivos.wordpress.com/2016/08/27/7-poemas-de-charles-baudelaire/
http://tirsodemolinaliteraturauniversal.blogspot.com/2014/05/himno-la-belleza-de-baudelaire.html
https://www.clubensayos.com/Espa%C3%B1ol/Analisis-Himno-A-La-Belleza-De-Baudelaire-Y/216633.html
http://literaturauniversal2ndebatxillerat.blogspot.com/p/xxi-himno-labelleza-charles-baudelaire.html
http://www.lapatriaenlinea.com/?nota=76742
https://es.wikipedia.org/wiki/Arthur_Rimbaud
https://es.wikipedia.org/wiki/Las_flores_del_mal
http://ffyl1.uncu.edu.ar/IMG/pdf/EL_MOVIMIENTO_SIMBOLISTA.pdf
https://www.aparences.net/es/periodos/el-simbolismo/el-simbolismo-belga/
https://www.elcultural.com/noticias/letras/Rimbaud-a-la-deriva/2425