Mitos huecos

Mientras más estancada una nación, más regulaciones tiene. Se norma hasta la respiración de las personas. Los registros públicos son elocuentes de esta perversión. Son laberintos imposibles, donde para registrar una simple Acta pueden transcurrir meses, en un incesante rebote del documento por parte de funcionarios que se erigen como hacedores de procedimientos y jueces severos de premisas caprichosas inventadas por sus egos.

Mientras más estancada una nación, más regulaciones tiene. Se norma hasta la respiración de las personas.




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En su obra “La Rebelión de Atlas”, Ayn Rand describe el caos que acompaña a toda sociedad donde la libertad individual pende del hilo de la burocracia estatal. Sostiene la escritora que la razón por la cual existen tantas reglas innecesarias es para agobiar al ciudadano y obligarlo a infringir en algún momento alguna norma. Al convertir a todos los ciudadanos en infractores de la ley, el control de sus vidas pasa a las manos del Estado, que se vuelve un amo de sus gobernados. Así se genera un chantaje moral, que facilita anular al sujeto cuando el capricho del gobernante lo juzgue pertinente. 

Sostiene AYN RAND que la razón por la cual existen tantas reglas innecesarias es para agobiar al ciudadano y obligarlo a infringir en algún momento alguna norma.

En este contexto la noción de “empresas básicas” es un mito esclavizador. Hablar de ellas es adentrarse en la mitología del Tercer Mundo. Los principales sectores económicos son monopolizados por estas entidades, obligando a quien desea hacer negocios a contratar con el gobierno. Se gesta el clientelismo, que se expande como una telaraña que atrapa a la sociedad, corrompiéndola desde sus entrañas.  

En este contexto la noción de “empresas básicas” es un mito esclavizador. Hablar de ellas es adentrarse en la mitología del Tercer Mundo.

Se gesta el clientelismo, que se expande como una telaraña que atrapa a la sociedad, corrompiéndola desde sus entrañas.  



Las leyes y nociones en el Tercer Mundo son como las medallas que cuelgan en los uniformes de los dictadorzuelos: brillan para nada, son la forma hueca de una tragedia. 

Las leyes y nociones en el Tercer Mundo son como las medallas que cuelgan en los uniformes de los dictadorzuelos: brillan para nada, son la forma hueca de una tragedia. 

Y estos mitos se enquistan en la idiosincrasia, volviéndose un asunto cultural. Los males de Venezuela son mitológicos.

Confrontemos la mitología tercermundista y borrémosla de nuestro destino.



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