Stephen King eres tú y soy yo.

Stephen King es un escritor incomprendido. La crítica lo suele subestimar porque sus relatos están salpicados de imágenes fantásticas y situaciones que a veces se tornan caricaturescas. Pero esta es una percepción errada.

A mi juicio, tiene bien ganado su sitial en el universo literario donde gravitan los planetas que vale la pena visitar. The Shawshank Redemption, Stand by Me, Dolores Claiborne y Misery son muestras de su capacidad de centrarse en la cruda realidad, con letras sólidas que no se marean ni alucinan con barbitúricos ni alcohol.

La infancia, la amistad, el amor, la traición, las mentiras, la soledad, la vanidad, el aferrarse al pasado, los efectos del éxito y la fama; la vida y la muerte, son elementos manejados con un dominio magistral del oficio. Pocos dominan así el arte de contar historias. No es casual que tantos de sus relatos hayan sido llevados a la gran pantalla, de la mano de los mejores realizadores y logrando atraer a las estrellas de cine más connotadas.

Obviamente también tiene libros malos. Es inevitable que una obra tan vasta tropiece con errores lamentables, relatos prescindibles que mejor se olvidan. Pocos autores prolíficos se escapan de este tipo de espectros.

Pero entonces uno lee IT. Y esas dos letras, minimalistas y sugerentes, son la llave mágica que explica la razón por la cual este escritor es un fenómeno de ventas que dificilmente podrá ser superado. Y no es precisamente por lo comercial, por esa tan cuestionada literatura best seller, que suele ser vista por los lectores snobs como una señal de prostitución literaria: idea que ha sido tercamente desmentida por fenómenos comerciales tales como Lewis Carroll, Charles Dickens, Víctor Hugo y Honoré de Balzac, todos escritores de best sellers que hoy son considerados obras inmortales.

No, no es esa la razón de su éxito. Stephen King no se ha prostituído y su calidad como escritor no debería cuestionarse. A pesar de lo que digan críticos como Harold Bloom, para quienes toda literatura que se precie debe medirse con la vara de Shakespeare, las obras de King tienen su propio espacio y es allí donde deben ser apreciadas.

Su triunfo reside en la capacidad de tocar la fibra de lo humano como solo los mejores escritores logran hacerlo. Aún sus trabajos más fantasiosos, están nutridos de micro historias que desnudan la psique y explican las piezas que arman el rompecabezas de la conducta de los hombres y mujeres de cualquier época.

IT tiene una fuerza especial para explicar el éxito de este narrador. El nombre en sí mismo ya contiene una dosis de genialidad. “IT”: “eso”… la cosa que es, aquello que explica lo demás; el monstruo que se devora los mundos.

Y la imagen escogida para simbolizarlo no pudo ser mejor : Un payaso… el clown que se convierte en una bestia asesina. Un ente que luce inofensivo (amoroso y confiable), pero que a la primera señal de debilidad nos devora sin contemplaciones.

IT es el bully que todos los seres humanos tenemos, en menor o mayor cuantía, atrapado en nuestra psique: ese sonido de la consciencia que frena nuestras aspiraciones, se burla de nuestra apariencia, de nuestra inteligencia, de nuestra capacidad de lograr cualquier objetivo importante en la vida.

IT es el autosaboteo, el amo feroz que Freud denominó el superyo. Esa voz interna nació inofensiva, pero con el paso de los años se hace “devoradora de mundos”, de nuestros propios mundos.

Y King la representa como la génesis de todo trauma existencial: El bully de la escuela que se burlaba de nuestra gordura o de la pinta de nerd que teníamos; la madre castradora; el padre abusivo; el esposo borracho; la negligencia con el hermano; la burlita aquí y allá; la culpa. Y entonces el susurro, la vocecita que no se calla.

Esos momentos traumáticos que marcan la existencia y dejan cicatrices eternas constituyen el nacimiento de Pennywise, IT, el payaso asesino.

Su burla constante se agiganta con el miedo y la evasión. Solo confrontándole y entendiendo que se trata de un simple payaso puede uno liberarse de sus garras y vencerlo, hasta reírse de él, como payaso al fin que es.

Casi todas las historias del narrador nacido en Maine tienen como hilo conductor la figura de IT: el bully, un fantasma que acecha la existencia y que cobra formas inusitadas: un payaso; el perro; un niño resucitado; el automóvil o un escritor enloquecido.

King utiliza alegorías y metáforas cargadas de simbolismo, que a simple vista confunden a un lector flojo o despistado.

Y es esta confusión la que produce el encasillamiento del escritor en un género de terror que realmente no le corresponde.

Lo que King hace es descifrar los caminos del laberinto mental, hasta llegar a su salida y facilitar el escape.

Es la propia consciencia la que proyecta los monstruos y las sombras. En ese laberinto existencial perderse es muy fácil, porque el miedo actúa como un cuarto de espejos, donde nuestra imagen se multiplica infinitamente con formas distorsionadas.

Lo que hace que Stephen King sea el escritor más vendido de todos los tiempos es una pluma que escribe sobre nosotros.

Leerlo es encontrar un espejo y no poder retirar la mirada, hasta descubrir que quien está allí reflejado eres tú y soy yo. Y nada es más universal que eso.


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