JOKER. La vida es sueño


ADVERTENCIA: Este ensayo contiene spoilers, ya que a lo largo del escrito voy analizando las partes más relevantes de la película. No creo que importe, ya que la joya sobre la cual reflexiono no tiene necesidad de sorpresas. De hecho, este trabajo puede servirte para tener más elementos que te permitan una mayor comprensión de la cinta. Pero si necesitas total ignorancia antes de ver una película, mejor no leas estas letras (Pero cuando la veas, regresa y lee). Las escenas las tomé de mi memoria, así como los diálogos y frases, que además traduje —con libertad— del inglés al castellano. He incluído un generoso material multimedia para hacer la experiencia más interactiva y provechosa para la cultura general de mis lectores. Algunos de los videos contienen escenas de la película. Cualquier gazapo es de mi entera responsabilidad. Espero disfrutes la experiencia. Y no olvides que valoro tus comentarios y reflexiones. Y gracias por enriquecer el blog con tu participación. Los CHOCOLATES son bienvenidos. JC



¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Me sirvo de estos versos inmortales de Pedro Calderón de la Barca para reflexionar sobre “Joker”. Esta obra irrumpe en la escena mundial generando un impacto mayúsculo en los espectadores, que al salir de la sala nos percatamos que hemos presenciado una película que no puede dejarnos indiferentes. No sabemos si lo que le ocurrió al personaje fue realidad o una alucinación. Y nos preguntamos, ¿es realmente importante? Pero empecemos por lo primero.

Desde el punto de vista técnico, Todd Phillips nos demuestra que como director es impecable. Los elementos utilizados fueron escogidos con un criterio exquisito, y esto se percibe desde el instante en que comienza la trama. Llama la atención el logro escénico. Gotham City luce exactamente como Nueva York en 1981. Para mí fue como transportarme en una máquina del tiempo y recordar aquella ciudad que me asfixiaba y provocaba sensaciones de miedo y vacío. La conocí en 1977 y yo tenía ocho años. No olvido el impacto que me provocó la inmundicia, el caos urbano y los rostros de tanta gente que parecía perdida en sus propios laberintos.

La música de Hildur Guðnadóttir, la fotografía de Lawrence Sher y el montaje de Jeff Groth cortan el aliento, por la capacidad de plasmar esa sensación con un sonido y una escenografía que termina siendo la extensión del protagonista Arthur Fleck (Joaquín Phoenix). Ciudad y personaje se fusionan, son lo mismo, una madeja de confusión, desorden, tristeza y ausencia de una identidad definida.

En su ensayo sobre la Ilustración, nos recuerda Michel Foucault que Baudelaire sostenía que el hombre moderno no es aquel que se lanza al descubrimiento de sí mismo, de sus secretos, de su verdad escondida; sino aquel que se esfuerza por inventarse a sí mismo. Esta modernidad no libera al hombre en su propio ser, lo obliga a la tarea de elaborarse a sí mismo.

Michel Foucault (1926 —1984)
Charles Baudelaire (1821—1867)

Arthur Fleck es un solitario, que cuando se ve en el espejo está buscándose sin encontrarse. Nos percatamos que su principal problema surge desde muy adentro, donde alguien se perdió hace muchos años y se quedó sin brújula. Esa primera escena nos introduce en su mente y sentimos un desierto helado y peligroso. Arthur se maquilla e intenta mimetizarse con la máscara del teatro: felicidad y tristeza, tragedia — comedia, como dos caras de la misma moneda. Se estira los labios, finge una sonrisa, se mira fijamente y entonces no puede retener una lágrima escapándose de algo que, más que ojo, es un abismo.

Este instante recuerda la obra maestra de Víctor Hugo: El hombre que ríe (1869), llevada por primera vez a la pantalla en 1928, por el expresionista alemán Paul Leni. En la obra del escritor francés, se describe un mundo fracturado en clases, donde hay un divorcio entre los que tienen algo y los que carecen de todo. El personaje de aquella novela —Gwynplaine (interpretado en la pantalla por Conrad Veidt)— estaba condenado a llevar una sonrisa permanente en su rostro, producto de una cirugía practicada cuando era niño, como castigo del Rey a su padre: Tu hijo se burlará de ti cada vez que lo observes.

Gwynplaine (Conrad Veidt)

Y aquel niño creció y se hizo payaso de circo, un alma noble y torturada, que solo pudo ser amada por un viejo medio loco (“Ursus”, interpretado por Cesare Gravina), su perro Homo (interpretado por el pastor alemán “Zimbo”) y la invidente Dea (Mary Philbin), que le dice al final: Dios me hizo ciega para que pudiera ver al genuino Gwynplaine.  

Gwynplaine fue la inspiración que necesitaron Jerry Robinson (Asistente de Arte —entregó fotos de Gwynplaine (Conrad Veidt) a Bob Kane— ), Bill Finger (Guionista) y Bob Kane (Dibujante) para crear al Joker en 1940.


Jerry Robinson (Creador conceptual de “The Joker”)

Bob Kane (Dibujante)

Milton “Bill” Finger (Guionista)


Al ver la película de Paul Leni (algo que recomiendo encarecidamentearriba la tienen completa — ), observamos que el maquillaje de los payasos y la espeluznante sonrisa de Gwynplaine fueron prácticamente calcados por Nicki Ledermann para la película de Todd Phillips (Cuando hablemos del origen del Jokerde los 15 distintos que hayque inspiró a Phillips —”Batman: The Killing joke”(1988)—, se detallará más sobre este punto). Ledermann también usó referencias del asesino serial de los años setenta, John Wayne Gacy (Phillips tomó su nombre de payaso—“Pogo”para el local nocturno de la película), pero este homicida tuvo que haberse inspirado en los payasos de “El hombre que ríe”, de Paul Leni, ya que su traje y maquillaje son idénticos a los usados por esos payasos). También encontramos ecos con El hombre que ríe en el ambiente lúgubre, hasta tenebroso, de un mundo extraviado en diferencias sociales e ignorancia respecto a “los otros”, tantas veces convertidos en crueldad.   


John Wayne Gacy (1942 — 1994)



Regresemos al espejo. Refleja el pozo oscuro que se desborda en la mirada de Arthur Fleck.  Ahora es un payaso. Sus colegas Randall (Glenn Fleshler) y el enano Gary (Leigh Gill) están allí en ese espacio, pero lucen distanciados, como en otra dimensión temporal. La soledad de Arthur es abrumadora (Phoenix es un genio expresándola).

Estos tres hombres trabajan para una empresa que suministra payasos que hacen presentaciones de acuerdo a las necesidades de los clientes. Y Arthur es asignado a una tienda que cierra sus puertas y está en proceso de liquidar su mercancía. Frente al local, en plena acera y debajo de un aviso de strippers, el payaso sostiene un cartel que anuncia la liquidación.

Aquí presenciamos a un personaje que se las ingenia para hallar música en su interior. Baila con un ritmo dinámico y con el letrero hace malabarismos bien coordinados (Phoenix necesitó tres días para lograr esa destreza).

Pero entonces unos malandros le arrancan el cartel y echan a correr por la ciudad, perseguidos por Arthur.

La carrera los conduce a un callejón inmundo (Las calles de la ciudad están plagadas de ratas gigantes), donde los malandros esperan a Arthur para reventarle el cartel en la cara. Tumbado en el suelo, lo muelen a patadas (Esta escena recuerda la paliza que Alex propina al mendigo enLa Naranja Mecánica”).

Arthur se encoje del dolor, pero aun así se las ingenia para apretar un truco dentro de su chaleco, que produce que la flor en su solapa desprenda un chorrito de agua. Es como si a través de esa flor emanaran los sentimientos que el hombre no puede expresar, o quizás es su forma de decirnos que el payaso no ha muerto. El simbolismo de esta escena es abrumador y arte en su máxima expresión.


El callejón, la golpiza, aquel rostro de puro dolor, y el detalle de la flor, son el preludio que introduce al título de la película. En el centro de la pantalla, con letras gigantes y amarillas (tipografía años setenta) leemos: JOKER… y tras breve pausa, vemos a Arthur sentado frente a una trabajadora social, ¿psiquiatra?, que lo mira con ojos escépticos. La mujer dialoga con su paciente.

Arthur comienza a revelarnos algunos datos de su vida. Nos enteramos —flashback—que estuvo recluido en un hospital psiquiátrico, donde la imagen nos muestra al sujeto dándose golpes de cabeza contra la puerta—fin del flasback—. Son siete tipos de medicamentos los que ingiere. Pide que le suban la dosis, ya que solo desea sentirse bien. Lleva consigo un abultado cuaderno, muy manoseado. Allí escribe pensamientos, emociones, dibujos y chistes.

Nos preguntamos: ¿Cuándo estuvo hospitalizado? ¿Hace cuánto fue dado de alta? ¿Realmente le habrán liberado? ¿En qué consiste su mal? ¿Hizo daño a otros? Son interrogantes que nos invaden y las respuestas solo podemos desentrañarla nosotros mismos a lo largo de la historia (Esta es la magia de la película). 

La asistente social le comunica a Arthur que no podrá verlo más. Cerrarán la institución, porque personas como tú no le importan a nadiede hecho personas como yo tampoco les importamos.  

¿Y las medicinas? ¿Qué pasará cuando se le acaben? Aquí comienza la tragedia.

Parménides afirmó que el Ser tiene su lugar en una Identidad. ¿Qué pasa si la Identidad se hace añicos? ¿Quién es Arthur Fleck?

Sinatra canta en “That´s life”: He sido una marioneta, un pobre, un pirata, un poeta y un rey. Y la melodía resuena en la mente de Arthur en varias escenas y sale de sus labios al final.

Ahora vemos a Arthur en un autobús. Hace muecas graciosas a un niño hermoso, que se divierte. La madre del niño interviene. Exige a Arthur que deje en paz a su hijo. Arthur reacciona. Explica que su intención es buena. Pero a la mujer no le interesa, no quiere nada con él. Y entonces… la risa. Por primera vez la escuchamos. Es espeluznante. Irrumpe como una bala perdida y sin contexto. La mujer piensa que se burla de ella. Arthur le extiende una tarjeta. Se lee que esa risa es una patología neurológica, una forma de epilepsia (Pseudobulbar Affect), que estalla involuntariamente, en especial cuando se experimentan situaciones estresantes.  

En el personaje de Víctor Hugo, lo involuntario es la sonrisa permanente. En Joker es la risa.  

Arthur se baja del autobús y recoge sus medicinas en la farmacia. Camina hacia su edificio, arrastrando los pies y encorvado. De espaldas nos recuerda a Cuasimodo.

A medida que avanza la historia, la empatía por este desdichado va en aumento. Pasos lentos y torpes. Su aura es una desolación impenetrable. En el ascensor impide que se cierre la puerta y así salva que Sophie (Zazie Beetz) y su hija no lo pierdan.  Intercambia gestos con la mujer —que por las bolsas que carga deducimos que es una vecina—.

Sophie comenta sobre el precario estado del edificio —una pocilga—, llevándose el índice a la sien, como si fuera una pistola (Igual que TravisRobert De Niro en “Taxi Driver”).

Arthur no se inmuta, sino después. Ya en el pasillo, cada quien toma su camino, pero Arthur dice una palabra que provoca que Sophie y su hija se volteen hacia él. Entonces Arthur mimetiza el gesto suicida hecho por la mujer en el ascensor, pero esta vez simbolizando la consumación del acto (otra vez Travis en “Taxi Driver“).

La chica pone ojos de extrañeza (El contexto tardío de la broma genera sensación de rareza, como la reacción tardía a un chiste) y se retira secamente con su hija. Arthur sigue de largo y llega a su departamento. Lo comparte con su madre Penny (Frances Conroy). Ambiente oscuro, húmedo. La filiación nos recuerda a Norman Bates en Psicosis.

El hijo lleva bandeja con comida a la madre.

Ésta comenta que volvió a escribirle a Thomas Wayne (Brett Cullen). Le solicita ayuda porque Thomas es un hombre bueno. Entonces Arthur le miente a su madre. Dice que su trabajo como comediante va viento en popa. No debe preocuparse. La madre contesta: ¿Y no tienes que ser cómico para ser comediante? No cree en su talento. Thomas Wayne es la salvación. Según Penny, el poderoso Wayne se sentiría horrorizado sabiendo que su ex empleada (de hace 30 años) vive en condiciones tan miserables.

¿30 años? ¿Y después de tanto tiempo esta mujer sigue escribiendo cartas sin respuesta? ¿Qué pasa aquí?

Mientras nos lo preguntamos, conocemos que Penny jamás abandona el apartamento. Su único contacto con el mundo exterior es a través de la televisión. Vemos su pantalla. Comienza el programa de Murray Franklin (Robert De Niro), el favorito de Arthur.

La magia de Martin Scorsese (quien produjo “Joker” en sus inicios, antes de pasarle el testigo a Emma Tillinger Koskoff, su asociada desde hace quince años) se hace sentir. Más que a Murray Franklin, a quien realmente vemos es a Rupert Pupkin (De Niro enThe King of Comedy”).

Aquí sucede un instante decisivo para la compresión de la trama. La mente de Arthur convierte la realidad en ficción. Al revés de lo que sucede en La rosa púrpura del Cairo —de Woody Allen—, vemos a Arthur introducirse en la pantalla y aparecer en el escenario del programa, hablándole directamente a Murray Franklin: Mi madre me dijo que yo vine a este mundo para llenarlo de alegría y felicidad. Se oyen aplausos del público y Arthur es invitado por Murray a la tarima, donde se abrazan. Murray le dice a Arthur: Yo lo dejaría todo por tener un hijo como tú.  Arthur necesita un padre y en su delirio el animador del show se convierte en ese padre.

La fantasía se disuelve (¿Realmente lo hace?).

Regresamos a la habitación de Penny. Pero algo cambia. Sucede un David Lynch’s touch. A partir de este momento, realidad y ficción—racionalidad o delirio— se confunden. ¿Será todo lo que vemos la alucinación extendida de una mente fracturada?

Arthur regresa a su trabajo. Vemos la toma acercarse a su espalda raquítica y golpeada, haciendo contorsiones monstruosas (recordamos a Gollum enThe lord of the rings”) mientras estira con las manos uno de sus zapatos de payaso.

Todd Phillips hace lentos acercamientos con la cámara, generando efectos de suspenso, que producen la sensación de inmersión (nos viene a la memoria la técnica de Nolan en la trilogía de Batman).

Es una técnica que se repite a lo largo de la cinta y es fundamental para lograr una ambientación íntima y centrada completamente en el protagonista. Las tomas son siempre en primeros planos e incluyen en un 100% a Arthur (Lo que nos reitera nuestra sospecha de estar dentro de su mente). Aún en el flash back de una joven Penny (Muy hermosa, por cierto) siendo interrogada por un psiquiatra, aparece Arthur. A la manera de Ricardo III en la obra de Shakespeare (O de Alvy Singer, Rob y Annie recreando las memorias de Alvy en “Annie Hall”), Arthur fantasmagóricamente presencia en un rincón el interrogatorio a su madre. Esta escena nos confirma que estamos en lo correcto si pensamos que toda la historia de la película está sucediendo en la cabeza de Arthur.  

Ahora Randall —su compañero de trabajo— le comenta sobre el suceso de los malandros que le robaron y golpearon (primera escena) y le suministra un revólver para que se proteja. Algo aquí no nos cuadra. ¿Así tan fácil le van a entregar un revólver? ¿Randall no entiende las implicaciones? La lógica comienza a tener sentido solo si vemos el acontecimiento como si fuera un sueño, donde todo es posible.

Arthur es asignado a un hospital de niños. Se escucha una música de piñata y el payaso actúa con soltura. Pero algo ocurre. En medio de una pirueta, el revólver cae al suelo (Salió de algún escondite interno de su disfraz). Disimula. Dice nervioso que la pistola es de juguete y parte de su show. En el hospital no le creen. Le llega el reclamo a Hoyt (Josh Pais), el patrón de Arthur. Indignado, lo despide.



Ahora Arthur está sentado en un vagón del Metro. Tres yuppies de Wall Street, que trabajan en las empresas de Wayne, fastidian a una muchacha. Arthur les observa y estalla su risa involuntaria. La muchacha se baja del tren. Los yuppies se acercan a Arthur. ¿Te burlas de nosotros?



Lo levantan de su asiento, dos le anulan los brazos, mientras el tercero le clava un derechazo que lo tumba en seco.

Mientras le caen a patadas, Arthur saca el revólver y dispara. Dos caen muertos. El tercero huye herido, en el glúteo. Arthur lo persigue. Se bajan del tren. El muchacho asustado corre con dificultad. Empieza a subir las escaleras, pero Arthur lo alcanza. Apunta el revólver y dispara. Una, dos, tres veces. Ejecuta al yuppie.

Sentimos la adrenalina. Algo se cocina en el interior de este hombre. Los hechos sucedieron como lo harían en un sueño. El Club de la Pelea, de David Fincher, El doble, de Fiodor Dostovieski… nos atraviesan la mente. Una Estación de Metro, que debería estar plagada de gente, está desolada (a lo Times Square en “Vanilla Sky”). Donde antes hubo cobardía, emerge un valor digno de un Aquiles homérico (Recordar El doble”).

La personalidad de Arthur cambia. Es rápida su evolución. Antes débil ahora fuerte. Se marchita un tímido y florece un gallardo. Un tercio solitario y virginal camina resuelto por el pasillo de su edificio. Toca la puerta. Abre Sophie. Arthur se infla y la besa con una pasión digna de Rodolfo Valentino.

Nace un amorío: Paseos por las calles, donuts, stand up comedy en Pogo’s comedy club (“Pogo” es el nombre de payaso que adoptó el asesino serial John Wayne Gacy).  

Y entonces el descubrimiento. ¿Por qué hoyhabiendo decenas de oportunidades anteriores— sí abrió la carta escrita por su madre a Thomas Wayne? ¿Wayne es su padre?

Mansión de Wayne. Faroles prendidos. Noche o madrugada. Bruce juega en el jardín. ¿Qué niño lo hace a esa hora? No cuadra el tiempo. Supimos en el hospital que su amorío con Sophie nunca sucedió. Fue el delirio de un deseo imposible. Y Murray Franklin burlándose de él en vivo y directo fue demasiado.

¿Está Arthur frente a la Mansión de Wayne o estamos nosotros metidos dentro de una alucinación?  Bruce. Batitubo —Batman años 60— Encuentro. Bastón. Acto de magia. Flores de plástico. Sonrisa forzada. Alfred. Burla. Su madre Penny. Secreto. Revelación. Reacción homicida. Pero no tanto, todavía. Falta otro encuentro.

Calles están encendidas. Mucho alboroto. Se cuece la revolución. Thomas Wayne fue muy despectivo con el legítimo sufrimiento del pueblo. Les llamó payasos, envidiosos, don nadies. Se aglomeran frente al gran Teatro. El asesinato de los yuppies fue la inspiración. Todos visten de payaso. El edificio es imponente y hermosamente iluminado, como en París. Vemos a Chales Chaplin en las gigantografías. Presentan Tiempos modernos.

Hay paralelismos: Charlot, el payaso. Patina bordeando al abismo, en una sociedad rota, donde los ricos desprecian al pobre y no miran su dolor. Desprecio que envenena al mundo, como hoy en Ciudad Gótica.  

Arthur es ingenioso.  Se colea en el Teatro y se viste de botones, como si fuera un empleado del lugar. Solo busca la verdad de su vida.

Baño. Se quita la chaqueta de botones. Están frente a frente. Thomas Wayne. Altivo, arrogante. Tú no eres mi hijo. Eres adoptado. Tu madre es una mujer muy enferma. Arthur insiste. Wayne le rompe la nariz. Si te vuelves acercar a mi hijo, te mato.

El hombre sin Identidad, está más perdido que nunca.

¿Será cierto lo dicho por Wayne?

Arkham State Hospital. Arthur solicita el expediente de Penny. ¿Delirio esquizoide, sueño o Arthur está realmente allí, solicitando esa información? ¿Acaso no fue Arthur un paciente psiquiátrico —recordar flash back al inicio— entonces porqué ahora pregunta al archivador qué tipo de gente es recluida? ¿Acaso no lo sabe? ¿No debería saberlo? ¿Hay lógica aquí?

Pero si estuviésemos observando lo que sucede dentro de una alucinación, sueño o memoria, todo calza y no son necesarias esas preguntas.

En El Mundo como Voluntad y Representación, Arthur Schopenhauer afirma: Nadie puede salirse de sí mismo para identificarse directamente con las cosas distintas a él; todo aquello de que se tiene conocimiento cierto e inmediato se encuentra dentro de su conciencia.

Arthur Schopenhauer (1788 – 1860)

Nada —dice Schopenhauer— existe fuera de la Representación que nos hacemos de las cosas.

¿Existe la realidad?

Platón nos responde categóricamente con El Mito de la Caverna.

Lo que vemos no es real. Está distorsionado. Nuestros sentidos nos engañan.

Entonces, ¿qué es real en Joker?

Gotham City es una extensión de Arthur. Como si se tratase de su propio organismo. Es un miembro que no puede separarse del resto de su cuerpo sin mutilarlo.

Las emociones de Arthur se reflejan en todas partes. En las calles. En los edificios. En los personajes a su paso. Lo que ve Arthur es su propio espejo. En las cosas y los seres, en el aire, todo se filtra por la Representación que hace dentro de sí mismo.

Y nosotros los espectadores, ¿qué vemos?

 ¿Una caja china?

¿Matrioshkas?

¿Relato dentro de un relato, que a su vez está dentro de otro relato, que también es otro y otro, hasta alcanzar nuestro propio relato, la Representación que nos hacemos a nosotros mismos de aquello que observamos?

Nos sentimos en un cuarto de espejos, el laberinto especular que multiplica imágenes hasta el infinito.  Todd Phillips y Scott Silver tienen importantes deudas de agradecimiento con gigantes del pasado: Con Homero (Cuando en el canto VII de “Odisea”, en tierra de los feacios, Ulises escucha su propia historia en la boca de otros); Platón (Mito de la Caverna); Las mil y una noches (Cuando Sherezade es un cuento dentro de su propio cuento); Pedro Calderón de la Barca (La vida es sueño); William Shakespeare (La meta -teatralidad en casi toda su obra, y en especial Hamlet, Ricardo III y Sueño de una noche de verano); Miguel de Cervantes (Cuando Don Quijote y Sancho se ven convertidos en personajes de su propia historia); Diego Velázquez (El pintor en su propio cuadro, pintando ese cuadro que estamos viendo, enLas Meninas”); Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas y Alicia en el espejo); Arthur Schopenhauer (el Mundo como Voluntad y Representación); Fiodor Dostovieski (El doble); Sigmund Freud (Teoría psicoanalítica); Jorge Luis Borges (“Laberinto de espejos” —en su libro “Ficciones”—);  Stanley Kubrick (La Naranja Mecánica); Martin Scorsese (Taxi Driver, The king of comedy, Shutter Island); David Lynch (Eraserhead, The Elephant Man, Lost Highway y Mulholland Drive); David Fincher (El club de la pelea); Brad Anderson (The Machinist); y con Christopher Nolan (Inception).



Otra vez preguntamos: ¿Estamos en Joker observando lo que sucede dentro de la cabeza de un loco?  

Arthur roba el expediente de su madre Penny. Corre por el pasillo del hospital.

Escoge una puerta y baja por las escaleras. Se detiene en uno de los descansos. Abre la carpeta: Recortes de periódico. Partes policiales. Testimonios: Adoptado. Desnutrido. Niño abusado una y otra vez por el novio de Penny. Golpes en la cabeza. Moretones. Encadenado a un radiador. Madre esquizofrénica.

De los quince diferentes orígenes escritos del personaje “Joker” —desde su primera aparición en el comic Batman No.1 (1940)—, Todd Phillips y Scott Silver optaron por acercarse al comic Batman: The killing Joke (1988) —del Guionista Allan Moore y el Dibujante Brian Bolland— , donde se narra la historia de un niño severamente maltratado por Eunice, su tía desquiciada. En dicho comic, para limpiarle su horrible cara, Eunice agarra al niño desnutrido y le cepilla con cloro el rostro, al punto de volvérselo blanco como el panqué de un payaso.





Publicidad del comic de 1988

Trailer de la película “Batman: The killing JoKe”, de 2016, basada en el comic de 1988





Sí; la historia que lee Arthur en el maldito expediente es lo más cercano al comic Batman: The killing Joke.  La historia rompe el corazón y nos llena de compasión hacia el hombre que nunca tuvo una oportunidad. Es lógica esta empatía e inútil criticarla. Los seres humanos no somos esto o lo otro. Los humanos estamos en un proceso continuo de cambios, de emociones. Nadie puede decir de esta agua no beberé si antes no se ha perdido en un desierto.

A partir de la confirmación del secreto revelado por Wayne, nada volverá a ser igual para Arthur. En el Flashback del interrogatorio psiquiátrico de la Penny joven, ésta dice que Wayne movió sus influencias para hacerla pasar por loca e internarla en el hospital. ¿Significa que lo leído en el expediente es mentira? ¿Hasta qué punto un sueño distorsiona la verdad?  (Más adelante en la trama, Arthur descubre una foto de Penny, jovencita, firmada por detrás por Thomas Wayne: “Me encanta tu sonrisa. TW”. ¿Confirma esto la versión de Penny?) ¿Y si es cierto lo que dice el expediente: ¿Cómo es posible que le hayan regresado el niño a semejante desquiciada? No tiene lógica alguna que una mujer con esas caracterísiticas haya sido dada de alta de un hospital psiquiátrico —y antecedentes penales— con la posibilidad de regresar con su hijo. Además, ¿cómo una mujer con esas características — incluyendo extrema pobreza— pudo adoptar a un niño? Tantas incoherencias solo pueden ser producto de las ideas desordenadas, de una mente que busca atar cabos con memorias difusas, wishful thinking, auto mentiras y alucinaciones. ¿Estamos dentro del cerebro de un hombre que alucina?



No importa. Llegó la hora de la venganza: Contra la sociedad. Contra su madre. Contra todo aquel que le infligió daño alguna vez.  

Hospital. Justo antes de taparle la cara con la almohada para matarla, Arthur dice a Penny: Hasta hoy pensaba que mi vida era una tragedia. Ahora comprendo que se trata de una comedia.

La frase contiene la esencia mental de Arthur, el sendero recorrido hasta este día. Este es el momento existencial donde finalmente se le revela su Identidad; quién es Arthur Fleck, qué tipo de hombre fue esculpido —a la manera de Baudelaire—por los hechos de su vida: ¡ JOKER !

Son oportunas las palabras de Schopenhauer en su ensayo “El Arte”:

La tendencia y el fin último de la tragedia consisten en inclinarnos a la resignación, a la negación de la voluntad de vivir; mientras que, por el contrario, la comedia nos incita a vivir y nos anima. Verdad es que la comedia, como toda representación de la vida humana, nos pone inevitablemente ante la vista los sufrimientos y los aspectos transitorios que concluyen por un desenlace feliz, como una mezcla de triunfos, victorias y esperanzas que a la postre se llevan la palma. Además; hace resaltar lo que hay constantemente alegre y siempre ridículo hasta en las mil y una contrariedades de la vida, a fin de mantenemos de buen humor, sean las que fueren las circunstancias. La vida tomada en conjunto es muy buena, y sobre todo, picaresca y muy regocijada. Por supuesto hay que dejar que caiga el telón en seguida del desenlace feliz, a fin de que no veamos lo que viene después; mientras que, en general, acaba la tragedia de tal suerte que ya no puede ocurrir más, pues todos mueren. El poeta épico o dramático no debe ignorar que él es el destino y que ha de ser despiadado como éste. Al mismo tiempo es el espejo de la humanidad, y debe presentar en escena caracteres malos y a veces infames, locos, necios, cortos de espíritu, de vez en cuando un personaje razonable o prudente o bueno, u honrado, y muy rara vez una naturaleza generosa, como para demostrar que es la más singular de las excepciones.

Arthur Fleck comprende la fatalidad de su destino. Dice Schopenhauer: el delito mayor del hombre, es haber nacido. Esta es la tragedia de todos nosotros. Y entonces solo la Comedia opera como antídoto y permite la sobrevivencia. Así nace JOKER. Pero para alcanzar plena adultez, le falta un paso.

Freud lo dijo primero (Aunque Harold Bloom dice que fue Shakespeare): Solo asesinando al padre, el niño se vuelve adulto, resolviendo así el dilema que presenta el complejo de Edipo, ese alimento del Superyó que erige la gigantesca catedral de la culpa, donde yace encadenada la Libertad del hombre, como Segismundo en la Torre.



Se encuentra en su departamento. Arthur se prepara para asistir a Live with Murray Franklin. Fue invitado después del éxito con el público que generó la burla que le propinó Franklin —en vivo y directo— al triste papel que desempeñó Arthur en su stand up en Bogo´s comedy club (Dudo mucho que esa presentación haya tenido lugar en la realidad, ya que se hizo dentro de la alucinación de su amorío con Sophie). Se tiñe el pelo de verde, se unta el “patuque blanco en la cara … está feliz.

Suena el timbre. Agarra unas tijeras y se las mete en el bolsillo. Se asoma por el ojo mágico. Abre la puerta. Son Randall y el enano Gary, sus excompañeros de trabajo. Vienen con la excusa del pésame por la muerte de Penny. Traen una botella de licor como presente. Preguntas de los visitantes: ¿Por qué tienes la cara pintada? ¿Vas a la manifestación de los payasos?  Respuesta de Arthur: Estoy celebrando

Conversan los tres… ¿Esa manifestación es hoy? —pregunta Arthur— Y él mismo se responde: No. Me preparo para ir al show de Murray. Me invitaron.

Randall dice: La policía vino al trabajo preguntando por el revólver. Gary comenta: A mí no me preguntaron nada. Randall le contesta: Si el asesino hubiera sido un puto enano, ya estarías preso (Escena hilarante, realmente cómica, al mejor estilo Joe Pesci en “Goodfellas”).

¡Hora de venganza! Arthur toma las tijeras y se las clava a Randall. Luego lo empuja y le choca la cabeza contra la pared, tantas veces como fue necesario para rompérsela como una patilla. (Recordamos a Brian De Palma: La escena de Al Capone —Robert De Niro—reventándole la cabeza a un traidor en The Untouchables“). Todo el rostro de Arthur queda salpicado en sangre.

Se sienta en el piso y observa fijamente a Gary, que se aparta unos metros, aterrorizado y exclamándole al cielo. Arthur le dice: Puedes marcharte. Gary inicia su escape, y al pasar frente a Arthur, éste emite un grito y hace como si fuera a matarlo. Gary brinca del terror y grita. (Esta escena es para llorar de la risa). Arthur le dice que bromea. Que puede irse. Gary se dirige a la puerta. No puede abrirla. La cadena de seguridad está a una altura que por más que el pobre enano se ponga en cuclillas, no logra alcanzar (otro momento hilarante). Arthur se acerca. ¿Lo matará?

No. Arthur le abre la puerta a Gary y le zampa un beso en la cabeza diciéndole: Fuiste el único que nunca me hizo daño. Gary sale y se marcha.

Pasillo. Vemos al JOKER caminando decidido. Se abre la puerta del ascensor. La cámara apunta directamente a su rostro. MaquillajeJohn Wayne Gacy style— impecable. ¡Ojos de fuego!

Se escucha el hit Rock & Roll II, del premiado cantante —pedófilo, violador y actualmente pagando una nueva sentencia, esta vez por 16 años—Gary Glitter. (Esta composición de Glitter fue uno de los éxitos más destacados de los años setenta. Fue número uno en UK y USA. Le valió discos de oro y fue nombrado en la lista de los 100 músicos ingleses más relevantes de la historia. Luego se le descubrió pornografía infantil. Fue apresado. Liberado. Vuelto a apresar en Vietnam. Liberado. Más tarde acusado de violación a un menor de 12 años. Preso, y allí se quedó, en la cárcel, donde hoy cumple su condena. Sabiendo este contexto, esta música escogida por Todd Phillips para Joker cobra un sentido alegórico muy particular. Es la música de un demonio, que suena cuando Arthur Fleck se transforma en uno. Glitter no percibirá regalías, ya que los derechos pertenencen a UMPG (Universal) y a otras empresas. No sería malo que estas corporaciones donaran parte de dichas ganancias a centros de atención de niños abusados. Si yo fuera Todd Phillips, hubiera negociado eso como condición para usar esta música. Otro punto interesante es que, de niño, Joaquín Phoenix perteneció a la secta “Children of God”, de la cual tuvo que escapar junto con sus hermanos. Dicha secta promovía el incesto, la prostitución para captar fieles, el sexo con niños y los matrimonios infantiles. Su fundador —David Berg—instaba a usar la figura de Jesucristo como símbolo sexual para erotizar y producir orgasmos. Cuando uno sabe estas cosas, la música de Glitter, bailada por Phoenix en “Joker”, nos para los pelos).



Sigue sonando Rock & Roll II. Escaleras del Metro. Antes, Arthur Fleck las bajaba y las subía cansado, deprimido, perdido. No ahora. Vemos es a JOKER, Fleck ya no existe.

Toca bajarlas. ¿Descenso al infierno?

JOKER está feliz. Cambió de lenguaje. Ya no hay Tragedia, se acabaron las reglas, el qué dirán, murió la tristeza. Está eufórico, disfrutando su Comedia.

El cuerpo transmite fuerza, seguridad, determinación. Fuma. Suelta el humo con la sensualidad viril del vaquero de Marlboro. Mueve los hombros como Michael Jackson en Thriller. Cada escalón que baja es un paso de baile. Fuma. Sube la pierna a lo Bruce Lee. Baila.

Con un chasquido de dedos lanza la colilla del cigarrillo al aire. Rock & Roll II sigue sonando. Otro escalón. Más baile. Salta y cae en una suerte de charco que suelta chispas mientras se le alborota el pelo. La cámara lo enfoca. Fuma otra vez (Error de Todd Phillips. Varios escalones atrás, había terminado el cigarrillo y botado su colilla. ¿Será el Karma, por usar la música de Glitter?).

Calles. Los policías —que venían indagando sobre los asesinatos de los yuppies— lo increpan. Corre. Lo persiguen.

Un carro lo atropella. Sale volando. Cae. Se levanta. Corre.

Se mete en el Metro. Hay decenas de payasos allí metidos. Los policías también entran. Camina rápido entre los payasos. También los policías. Distrae a un payaso, y le roba la máscara. Se la pone.

Corre. Los payasos chocan contra los policías. Se escapa un disparo. Los payasos se lanzan encima de los policías. JOKER huye. Lo logra. Se fuga.

Camerino del show Live with Murray Franklin. Se echa para atrás en la silla. Se pone la pistola debajo de la barbilla. No se suicida. Solo está repitiendo el acto que tantas veces hizo en el pasado (Y que siempre nos recuerda a Travis, en “Taxi Driver”).

Tocan la puerta. Se asoman Murray Franklin y su productor. JOKER dice: Hola Murray. El productor—mirándole con desprecio— le increpa: Deja la confianza. Es Mr. Franklin. Murray dice al productor: Tranquilo. “Murray” está bien.  Y añade—dirigiéndose a JOKER¿Vienes de la manifestación? ¿Te presentarás así? Y JOKER contesta: Sí, así mismo. Y ¿podrías presentarme como JOKER?, ¿recuerdas?, así fue como me nombraste en tu show el otro día. Y Murray le contesta: ¿En serio? No lo recuerdo. Pero está bien. JOKER serás.

Se escucha el inicio del programa. Murray está rememorando —mostrándolo en pantalla—el stand up comedy de Arthur Fleck.

JOKER está tras bastidores. Como técnica de relajación baila otra vez al estilo de Ray Boiler The old soft shoe (Baile que repite varias veces durante la película. Dos veces en particular: En el baño de la Estación de Metro, justo después de asesinar a los yuppies. Y en su departamento, antes de que se le dispare una bala por error, en una parodia de “Taxi Driver”).

Señoras y señores, con ustedes: JOKER.  Arthur hace una entrada apoteósica.

Baila. Se acerca a los dos invitados de Murray, levantados para saludarle. Le zampa un beso en la boca a la viejita (La historieta “The Dark Knight Returns”1986 contiene una escena idéntica… Y Heath Ledger besó así mismo a una fanática de edad avanzada, que estaba emocionadísima al encontrárselo. Tras el inesperado beso, la mujer cayó desmayada. Todd Phillips hizo honor a ambos precedentes con esta escena).



 Se sientan y empieza el show. Murray le pregunta si tiene algún chiste que contar. JOKER saca su cuaderno y busca entre sus páginas: Toc toc / Murray responde con una burla. / Toc toc … / ¿Quién es? contesta Murray— / Un policía está en la puerta. Su hijo fue atropellado por un camión—dice JOKER.

La viejita salta de su silla escandalizada: No puedes bromear con algo así. Murray añade: Aquí no se echan ese tipo de chistes. Eso no es cómico. Entonces JOKER confiesa el asesinato de los yuppies. Y Murray lo increpa: Es horrible. Entonces JOKER (aquí Phoenix sobrepasa cualquier expectativa. Su actuación es insuperable) pregunta a Murray: ¿Sabes qué es horrible? Tú eres horrible.

¿Por qué? Pregunta Murray. Y JOKER contesta: Te burlaste de mí el otro día. Me invitaste hoy a tu show para seguir burlándote de mí. Todos son horribles. El mundo es horrible. A nadie le importan los otros. Aquí tienes otro chiste — sigue hablando JOKER: Un paciente mental se burla un aviso en el pasillo. ¿Qué obtiene a cambio? Lo que se merece. Y entonces se levanta. Saca el revólver y le dispara a Murray, en el ojo. Luego se acerca y descarga el arma dos veces más.

Lanza el revólver al escritorio. Y camina para decirle algo a la cámara. Se pone en off y salen muchas pantallas pequeñas, enseñándo al mundo distintos momentos de lo sucedido, y una de ellas mostrando la propaganda del conejito de Energizer (Estas pantallas recuerdan la escena del sistema de vigilancia que destruye Lucius Fox —Morgan Freeman— en The Dark Knight).



Una patrulla, con JOKER apresado, avanza por las calles de Gotham City, en medio de la manifestación de payasos, que se ha tornado muy violenta.  JOKER se ríe, esta vez de verdad. El policía lo regaña. No es gracioso lo que has despertado/// Es hermoso— responde JOKER—y la cámara hace un acercamiento a su rostro, que recuerda otra vez a Heath Ledger, esta vez en The Dark Knight—.

Una ambulancia choca a la patrulla con mucha fuerza. Se bajan de ella dos payasos. Se acercan a lo que quedó de patrulla y sacan a JOKER por la ventana, y con gran delicadeza colocan su cuerpo desmayado sobre el capó del vehículo.

La violencia en las calles se acrecienta. Hay payasos furiosos por todas partes. La cámara enfoca un Cine, que proyecta Zorro, the gay Blade. De allí salen, semi agachados y asustados, Thomas Wayne, esposa y su hijo Bruce.  JOKER sigue desmayado. Un payaso observa a los Wayne entrar en un callejón. Los sigue y detiene: Tú recibirás lo que mereces (mismas palabras de JOKER en el show de Murray) … y dispara a Thomas y a su esposa, arrancándole el collar a la mujer, desprendiéndose las perlas, que vuelan por los aires (Igual que en los comics, y en Batman Begins, de Nolan).



En ese preciso momento, la cámara enfoca a JOKER escupiendo sangre y despertándose. Se levanta sobre el techo y comienza su baile, mientras la muchedumbre de payasos lo aclama como su líder. Esta escena es hermosa. JOKER le da la espalda a su público y la cámara enfoca su rostro, tristísimo. Y usando su sangre como pintura, lentamente se dibuja una sonrisa y se da la vuelta. (Esta escena es realmente una obra de arte).

La pregunta de rigor: ¿Qué hacían los Wayne saliendo del cine en pleno cénit de la revolución de los payasos? No es verosímil, salvo que sea una memoria distorsionada por los delirios de un loco, como en el resto de la película.

Escenas finales. Asilo de enfermos mentales.

JOKER —esposado y quizás un poco envejecido—en un cuarto— igual al del flashback de Penny joven—conversa con una psiquiatra, idéntica a la trabajadora social del inicio de la película (salvo por el peinado y unas arrugas adicionales)—y ésta le pregunta de qué se está riendo. JOKER cierra los ojos y aparece la imagen de Thomas Wayne y su esposa asesinados en el callejón, con el sobreviviente, su hijo Bruce. ¿Cómo es posible que JOKER tenga este recuerdo, si él estaba desmayado y lejos de aquel callejón cuando sucedió ese asesinato? Es otra clave para resolver el acertijo sobre la realidad o ficcionalidad de los eventos ocurridos en la película.

JOKER abre los ojos y mira con picardía a la mujer contestándole: tú no lo entenderías. Y canta: He sido una marioneta, un pobre, un pirata, un poeta y un rey…

That’s life…de Sinatra, suena en el fondo.

JOKER camina por el pasillo del hospital. Todo blanco: El techo. Las paredes. Las puertas. El piso. La ropa. Todo blanco.

Lo vemos de espaldas. Cada paso que da, deja una huella de sangre.

Al final del pasillo, hay un resplandor e inicia su baile a lo Ray Boiler (Imposible ver esta escena y no recordar a “La Naranja Mecánica”). Llegan unos enfermeros (también de blanco). Y al ritmo de la música, lo persiguen. La escena luce fantasmagórica, risible, la Comedia en su máxima expresión. Corren. Derecha. Centro. Izquierda. Centro. Derecha. Centro. Izquierda… ¿Se escapa? No lo sabemos.  


¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.


Joker ganó el León de Oro a la Mejor Película en la edición 76 del Festival de Venecia. Merece cada premio cinematográfico existente en el planeta. Y Joaquín Phoenix… ¡ Chapeau, my friend! Y de pie.
















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