Elegía / a Inés

Nota: La presente es una obra en construcción. Se irá nutriendo con el tiempo. Por los momentos, he ido colocando los pensamientos que he publicado en twitter (@jcsosazpurua) desde el día del deceso de Inés (notarán, en consecuencia, que no existe un orden lógico). Iré escribiendo nuevos sentimientos, memorias y publicando otras fotografías. No sé a dónde me llevará este ejercicio, pero he descubierto su poder catártico, en especial, porque la interacción con mis lectores me ha suministrado un valiosísimo material de reflexión, que me ha permitido transitar este camino sintiendo cariño y mucha empatía humana. ¡Gracias!


Conocí a Inés cuando teníamos 16 años (ella es tres meses mayor). Al verla quedé maravillado y supe que sería mi esposa algún día. Nos casamos a los 23 años y desde entonces nutrió mi vida con los mejores sentimientos y la más elevada nobleza. Todas mis memorias son de ella, todo lo hacíamos juntos.

A los 16 años
A los 18 años

Inés y yo nos despedimos escuchando Tristán e Isolda, y la Obertura y final de Parsifal. Luego llegaron nuestros hijos y su adiós fue feliz. Jamás olvidaré su última sonrisa, que le acompañó a la eternidad. Ahora es energía metafísica, que está presente en el aire que respiro.

Cumpliendo sus deseos, las cenizas de Inés serán esparcidas en el lugar más bello de nuestro Cerro Ávila, allí donde la montaña, el cielo y la mar se funden en un todo de belleza absoluta.

Inés me salvó del abismo, dando luz donde solo había oscuridad. No tengo palabras que rindan honor a su humanidad, a su dulzura, a su sabiduría. Escribo estas letras para plasmar el infinito agradecimiento que le profeso, mi admiración total y el reto que significa su memoria.

Mis hermanos, tíos y primos, viviendo en USA, le rindieron un bello homenaje a Inés. Muy conmovido con la asistencia total, aún teniendo que franquear largas distancias para asistir. ¡Gracias!!!

Algo impresionante en Inés era su sentido estoico de la vida. Nunca se aferró a lo material y transformaba el sufrimiento en fuente de sabiduría y fuerza. Aún padeciendo el peor cáncer que nadie puede sufrir, jamás se quejó, jamás. Tampoco maldijo su suerte.Solo luchó y regaló paz.

El domingo, 12:00 pm, habrá una misa especial en honor a Inés, organizada por su maravilloso grupo de amigas y hermanas. Será en la Academia Merici.

Aquí se concentró mi vida entera.

Ahora son sus frutos los que me permiten respirar!

La energía, nos enseñaron los griegos presocráticos, no muere, se transforma. Pienso que la muerte es solo del cuerpo físico, pero la energía mental y espiritual se vuelve metafísica, irradiando su fuerza en todas partes. Eso creo.

Inés es un sol que nunca necesité bloquear. Ahora se fue y yo soy el planeta que gravitará gracias al peso de su memoria.

El domingo, 12:00 pm, habrá una misa especial en honor a Inés, organizada por su maravilloso grupo de amigas y hermanas. Será en la Academia Merici.

Esta sonrisa era capaz de hacer de mí cualquier cosa!

Cortaba el aliento y paraba el tráfico!

La mejor musa que he tenido en la vida!

La novena del gran Beethoven nunca me sonó tan hermosa como hoy! Empiezo a sentir el regalo.

Hoy, a las 12:00, habrá una misa en honor a Inés en la Academia Merici.

La misa en honor a Inés fue un monumento emotivo a la vida de una gran mujer. Cada detalle cuidado con esmero. Palabras inolvidables, música celestial e imágenes que recorrieron una existencia. No cabía la gente en la Iglesia, con un sentimiento genuino de amor y dolor. ¡Gracias!

El cáncer es una bestia atroz, que coloniza y se hace tirano, arrasando con todo a su paso. Pero tiene una virtud. Permite observar la grandeza humana. Estos meses me enseañaron el porqué la humanidad es superior a cualquier otra forma de vida. Lo mejor de las personas florece.

Inés es inmortal. Su desaparición física le ha dado más vida dentro de mí. Es como si su partida abriera la puerta de los mejores sentimientos que albergo por ella. Recuerdos vívidos de detalles que creí olvidados. Siento que la muerte es una forma de nacimiento eterno. Vida y luz.

Nunca olvidaré a las personas que permitieron que Inés se fuera con el corazón lleno. Mi padre, que se elevó como el árbol que siempre ha sido. Mi madre, con su compañía oportuna y palabras sabias. Mi hermana, con su eficiencia angelical. Mi hermano, con su talento y humanidad.

Mis cuñadas y cuñado, que se hicieron mis hermanos. Mi suegra, con su tristeza que tanto dice. Mis tías, tíos y primos con su calor y sabiduría; mis amigos con sus llamadas y visitas elegantes. Sus amigas, que podrían cambiar al mundo.

Sus médicos, con sus artes virtuosas y profunda humanidad. Sus enfermeras, que parecían familia. Y muchos otros que mostraron la mejor parte de ser humano. ¡Gracias!

Bella!

Mis hijos fueron grandes afortunados!

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Durante su batalla, con las radiaciones y las quimio, sus ojos destellaban valor y amor. Nunca había conocido a nadie tan valiente y decidido. En ningún momento se quejó de nada, solo me pedía que le acompañara en sus oraciones y meditaciones. Fue un privilegio y un honor hacerlo.

Me hubiera gustado mucho envejecer con Inés. Cada arruga que notaba en su rostro me causaba ternura y atracción. Cuando dormía, solía contemplar sus facciones e imaginarla anciana, junto a mí. Ahora me queda su eterna juventud y ser yo un anciano, enamorado de una joven de 50.

El momento más feliz de mi vida fue cuando contemplé esta imagen en la Iglesia de Chacao, el 27 de marzo de 1993.

¡Belleza total!

Quizás por esto Freud insistía en el tema de Edipo.

🤔

Los frutos que me dejó Inés!

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Esa mirada me rescató.

El destino juega jugadas misteriosas. Llamarlo cruel sería demasiado vacuo. No sé cuál será la respuesta, no tengo idea. Estas dos bellas mujeres, inmensos gigantes que explicaban tanto del sentido de mi vida, se me fueron en un solo mes. No busco respuestas. No las hay.

Mi abuela y madrina Yolanda Pietri Pietri “Güita” (vivió 100 años) e Inés (50 años)

Mi hermano Andrés Fernando fue factor esencial en este proceso. Su talento como médico es solo comparable con su infinita humanidad. Gracias a él comprendí lo que se me venía encima y pude calibrarlo con la justa necesidad de un final feliz, sin traumas inútiles. Gracias eternas!

La muerte se puede enfrentar con poesía. Inés fue una escuela de valor y dignidad. Solo verla confrontar lo inevitable, me da material para vivir admirado por siempre, y con el reto de serle fiel a su memoria heroica. Su lucha no fue contra la naturaleza. Fue a favor de su culto.

La fusión de vidas en una sola es tan hermoso como trágico. Vives con la seguridad que te da respirar y sentir a través de esa persona a la que entregaste tu destino. Y un día, todo cambia. Ahora toca resucitar a partir de memorias y voluntad. Necesito luz, necesito tiempo.

Inés tenía la rara cualidad de serlo todo en uno. Madre como ninguna. Esposa fiel y comprensiva. Socia brillante y efectiva. Amante apasionada y espectacular. Hija devota y sacrificada. Hermana amorosa y atenta. Mujer sensible y entregada a las mejores causas de la humanidad.

Me enamoré de Inés a primera vista. En la gaitas del colegio Don Bosco. En diciembre de 1985.

Tantos lugares que conocimos, y tantos que nos quedó por conocer…ahora los viviremos en otra dimensión.

Esta foto la tomé en nuestra primera ida a la playa…teníamos 16 años.

Este rostro me hipnotiza

Magnífica!

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La mar nunca volverá a ser igual. Allí nos volvimos uno con las olas, y tuvimos tantos momentos inolvidables. Cada vez que respire playa, allí estarás.

Ni Velázquez concibió una belleza así!

Nunca pensé que un corazón podía estallar en tantos pedazos. La labor de recoger algunos de sus trozos luce tan difícil como escalar el Everest. Solo la memoria de la conducta heroica de Inés podrá servirme de inspiración, para al menos ser un hombre roto y no un zombie.

Lo más cautivador de esta belleza, fue su capacidad de enamorarme en cada etapa de la vida. Aquí tenía 16 años y me obsesionaba con solo pasar dos días sin verla. A los 50, en sus últimos meses, hizo que mi amor y admiración por ella se incrementara. No pensé que eso fuera posible.

Ahora tú eres el velero!

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Hoy, hace 20 años (28 enero, 2000) diste luz a Juan Ignacio. Un fruto del cual, de orgullo y admiración, se nos sale el corazón del pecho.

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El adenocarcinoma de Inés fue causado por mutación (en Gen TP53), creada por síndrome (LI Fraumeny), muy raro y heredado. Era imposible detectarlo en su germinación; solo a partir de la metástasis en huesos se pudo saber. Fue trágica lotería. El 80% de las mujeres con este síndrome desarrollan cáncer al llegar a los 50; y cerca del 100% al llegar a los 60.

Siempre fuiste el paisaje más bello!

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Creo que la respuesta es sencilla: La Naturaleza es la que tiene el control. Decide quienes venimos, cuando venimos y cuando nos vamos. Y, salvo el suicidio, no hay nada que podamos hacer al respecto, salvo aceptarlo con ánimo de estudiante, con mucha sed de aprendizaje y resignación.

Rodeada de árboles, siempre fuiste el más alto, fuerte y generoso.

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Tu mirada fue mi vida.

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Eres tan bella que solo la tragedia pudo marcar el final.

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En tu último suspiro, recorrí la historia de mi vida…contigo, siempre esa historia fue contigo y nadie más. Ahora me toca bajar al Hades y, como Orfeo, no podré resistir la tentación de verte. Entonces solo seremos cenizas, tú y yo, solo cenizas.

Ceniza, ceniza, ¿es acaso necesaria la muerte para convertirte en ceniza? Tu ausencia incendia mi vida, como un fuego que se levanta y lo arrasa todo. Busco tu rostro y lo palpo, mientras tu belleza se derrite en mis manos y un soplido se la lleva lejos. Soy ceniza y así te sigo.

Ceniza, ceniza…¿Acaso solo la muerte te vuelve ceniza? Tu ausencia es el fuego que lo arrasa todo…palpo tu rostro…se derrite en mis manos, y entonces un soplido se lleva tu belleza lejos. Me convierto en ceniza y así te sigo…vientos voraces que atrapan tu suspiro.

Anoche me acosté y quise sentir tus labios, como cada noche, como cada mañana. Labios en donde me perdía en un laberinto sin salida. Pero entonces te pusieron alas y volaste hacia el sol. Yo en cambio quedé atrapado y sin tus alas, solo la vista que cuando te observa, se quema.

Tu puño destino fue certero, inclemente. Tu puño destino fue tramposo. Escondía piedras y bocas de cocodrilo. Tu puño destino fue azteca. Te metiste en el pecho y sacaste mi corazón. Tu puño destino es cruel. No contento con tu obra, me dejaste la memoria. Ahora es mi turno.

Si el destino hubiese enseñado sus cartas con anticipación… no tres, hubiera tenido contigo al menos 10, y llenado al mundo de tus ojos, de tu piel, de tu sonrisa. Nunca sentí tanto el milagro de los hijos como ahora. Te fuiste, pero aquí te quedaste. Es un misterio todo esto.

Vivimos dentro de una ilusión. Creemos que somos dueños de nuestra vida, que podemos planificar y materializar nuestros sueños. Hasta que un día viene la Naturaleza y te recuerda quién manda. Entonces comprendemos que somos ratones de laboratorio, a merced de un amo caprichoso.

Ahora eres la montaña, el aire y el cielo. Me alimento de tu energía, que la siento en todas partes, a toda hora y en cualquier lugar.

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INÉS

Contigo nada lucía imposible.

Explorabas misterios, curiosa de lo que se escondía detrás de lo invisible.

Te conocí a los dieciséis y me enamoré para siempre. Amé a la Naturaleza, porque tú te fundías con ella como una flor, la más perfecta.

Tu mirada contenía al universo. ¡Y esa sonrisa! Con ella iluminaste cualquier oscuridad.

Muy jóvenes contrajimos matrimonio. Y demostraste la fuerza espiritual que te hizo una esposa maravillosa. Fiel a toda prueba. En los momentos duros respondiste con amor y sabiduría. No lo tuviste fácil, pero afrontaste los problemas con gracia y fe.

Penetrabas las cuevas de la duda y la disipabas con la certeza que solo tienen las almas antiguas, que han recorrido mundos y nos visitan para marcar caminos.

Madre y ¡qué madre! Nuestros hijos crecieron sabiéndose amados. Jamás les faltó tu presencia. Los colmaste de recuerdos memorables, obsequiándoles la brújula para atravesar los laberintos de la existencia. 

Hija, el orgullo de tus padres. Hermana, la gran aliada.

Amigas, te adoraron. Las conquistaste con bondad, dulzura y lealtad.

Tu talento y vocación para el trabajo fueron ejemplares.  

En causa alguna hiciste silencio, si callar significaba cobardía.

Y entonces te llamó el cielo. Pero primero te sometió a la prueba más dura y brillaste como el sol.

Tiempos enaltecidos por tu valor, dignidad y belleza espiritual.

¡Qué honor fue acompañarte! Así sentí mayor respeto y el más elevado aprecio por el significado de ser humano.

Te hiciste inmortal y respiras en nuestros corazones.

Tu legado nos enseña a ser mejores.


Soy Inés

Ayer suspiré, vino viento a buscarme

Pronto quizás sí, pero Dios quiso tocarme

Mi aliento cesó, pulmones se apagaron

Pero el cielo se prendió e iluminó a quienes me amaron

La cama fría, mi cuero caliente

Al llegar los heraldos, ellos cantaron

Y tras “Tristán e Isolda”, todos me extrañaron

Una despedida breve, solo de mi cuerpo

Mi alma dijo: “adiós, enseguida vuelvo”

Fui carne, ahora vuelo

Visité a papá, Eugenia, Güita y al abuelo

Y mi energía se vistió con inmortales atuendos

Vine a vivir contigo, darte mi amor

Que es tan grande que no me cabe en el corazón

Por eso hoy soy aire, memoria y sol

Y cada vez que respires allí estaré yo.

JCSA


Este martes 11 de febrero, a las 6:00 PM, el padre Luis Ugalde SJ oficiará una misa para celebrar el cumpleaños 51 de Inés y un mes desde que se transformó en energía metafísica. Será en la capilla grande del Colegio San Ignacio.

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La misa de ayer, en honor a Inés, fue realmente emotiva y hermosa. Agradezco infinitamente al padre Ugalde por su añeja amistad y cariño,que supo reflejar con palabras sabias y oportunas. Y gracias a todos los asistentes,que colmaron la capilla con genuino sentir y cálida compañía.


El genial Roberto Weil ha creado esta magnífica obra en homenaje a Inés “Las cenizas”:


“Inés y Juan Carlos” / Compuesta e interpretada por Gabriela Montero (20 de enero 2020)



César Vallejo: “Los heraldos Negros”

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

César Vallejo (Perú 1892 – París 1938)


Dibujo de Inés, realizado por Hailyn Padua