Karma en tiempos de coronavirus

Como todos los días, se hizo un café y leyó la prensa. El coronavirus arrecia en el mundo, pero Jaime no está seguro de que se trate de un virus tan peligroso. Insiste en su tesis: Es un complot de los chinos para destruir la economía mundial. A Jaime no le interesa la lógica que sustenta su argumento. Él solo siente que los chinos son malos y maquinadores.

Como todos los días, se hizo un café y leyó la prensa. El coronavirus arrecia en el mundo, pero Jaime no está seguro de que se trate de un virus tan peligroso.

Termina el café y cierra su laptop. Camina de un lado a otro, de la cocina a la sala, de la sala al comedor, luego a la habitación y otra vez a la sala. Aunque su porcentaje de cumplimiento es elevado, el tercio es incapaz de acatar la cuarentena en los términos fijados por las autoridades.



Su edificio no es grande, apenas nueve apartamentos, uno por cada piso. Él vive en el Pent House y por tanto goza de privilegios, como el tener un telescopio en la terraza, cerca de donde cuelgan sus calzoncillos y demás prendas que necesitan del sol para secarse.

Emplea ese espacio para broncearse y hacer ejercicios: un trote suave, dándole la vuelta veinte veces, flexiones y abdominales. A sus sesenta no se puede quejar de achaques y el espejo le dice que está fit. Esta sensación imprime a su psique el sello de la confianza. Su pecho se infla y en sus ojos saltan las chispas de un refrito mental augurando memorias calientes.

En el tendero cuelga la jaula. Allí vive Paco, el loro que ama el peligro. No pocas veces coloca su vida en la cuerda floja. Paco es perspicaz y picarón. Cuando Jaime activa el telescopio, este animal emite sonidos eróticos, como si leyera la mente del amo y sirviera como eco de aquellos pensamientos.  

En el tendero cuelga la jaula. Allí vive Paco, el loro que ama el peligro. No pocas veces coloca su vida en la cuerda floja. Paco es perspicaz y picarón.

El telescopio apunta hacia la ventana de la vecina Katty. Esta rubia tan voluptuosa está casada con Francisco Márquez, connotado banquero de los bolichicos.

Katty está aburrida.

La cuarentena la tiene al borde del suicidio. Su marido es portador de un salvoconducto diplomático, que le permite hacer lo que le dé su gana. Pero es egoísta y no invita a Katty a sus constantes reuniones de emergencia con los gerentes, algunas en la isla de Santa Lucía y lugares así.

La cuarentena la tiene al borde del suicidio. Su marido es portador de un salvoconducto diplomático, que le permite hacer lo que le dé su gana. Pero es egoísta y no invita a Katty

Entonces Katty se queda sola y los minutos se hacen horas y las horas pesan.  La ociosidad es la madre de todos los vicios y Katty no es precisamente lectora de Homero. Pero sí es creativa con lo que tiene a mano. Esa creatividad le ha servido para hacer realidad sus sueños, como salir de aquel antro de Sabana Grande y terminar aquí, en un piso de La Castellana.

Todo comenzó la semana pasada.

Katty estaba en medio de sus diarios ejercicios masturbatorios. Hoy particularmente activa. Concluía esa película de Oliver Stone donde Brad Pitt hace de Aquiles.

Katty estaba en medio de sus diarios ejercicios masturbatorios. Hoy particularmente activa. Concluía esa película de Oliver Stone donde Brad Pitt hace de Aquiles.

Katty parecía un caimán sufriendo un ataque de epilepsia. El goce era inspirador, ¡vaya talento para las artes de autocomplacencia!

Pero entonces algo pasó.

Sintió el cosquilleo en la espina dorsal. Una sensación de paranoia que le causó miedo repentino y tan intenso que logró sacar a Brad Pitt de la habitación. Era como si un fantasma la acechara, un espectro sigiloso, amenazante.

Prendió las luces y nada. Buscó debajo de la cama, nada. En el armario, nada. Y entonces pensó que podía ser una rata.

Su miedo se incrementaba y lo sentía en los latidos de su pecho, que amenazaban con hacer añicos la obra maestra del doctor Bello, quien moldeó esos pechos como un genuino Miguel Ángel, devenido en médico artista y además porno.

¿Por qué siento esto? La sensación no paraba. Alguien estaba allí… mirándola.

Entretanto, Jaime le exigía silencio a Paco. El loro lo entendía todo y hoy se puso creativo, más de la cuenta.  Su amo estaba disfrutando de una noche maravillosa. Pocas veces aquel telescopio le brindó imágenes tan suculentas y precisas. Una película de Hitchcock en su propia azotea, en vivo y directo, como en los autocines de los años ochenta.

Shh….shhhh… ¡silencio!!!

Pero Paco no hacía caso. Shhhh… Cállate pajarraco de mierda! Pero Paco no hacía caso…

El loro lo entendía todo y hoy se puso creativo, más de la cuenta.  Su amo estaba disfrutando de una noche maravillosa. Pocas veces aquel telescopio le brindó imágenes tan suculentas y precisas.

Katty regresó a su habitación, con un palo de escoba. En ese instante comprendió el porqué de su repentino miedo fantasmagórico, el que había interrumpido la divinidad de su amorío con el ex marido de Angelina Jolie.

La ventana estaba abierta y de par en par, como evitando que el vidrio se fuera a empañar con los vaporones cinematográficos. Fue gracias a esta circunstancia que la suerte resolvió el acertijo.

No era una rata, al menos no del tipo usual.

Primero entraron las plumas, y al asomarse, vio como un loro decapitado se precipitó hacia el pavimento. Subió la cabeza y fue allí cuando lo divisó. Aquel telescopio podía alcanzar las estrellas, otras galaxias, los cuerpos celestes… y, obviamente, también universos menores, donde los cuerpos son de carne y hueso.

Katty entendió.

El espionaje, esa sensación paranoica, no era de mentira. El ojo del aparato no engaña. Su direccionamiento era preciso, en línea recta descendente, clavándose en el punto preciso donde ella se encontraba, y un poquito más atrás, chocando con la cama donde reposaban tantos pecadillos, incluyendo el de esa vez, aquella tarde cuando le pidió al plomero Calixto que revisara otro tipo de tuberías.

Al principio estaba anonadada. No obstante, el pudor le duró poco.

Ella siempre soñó con ser artista. Y ahora lo era. Lo reflexionó sin hacerle caso al absurdo de la elucubración. Por fin era actriz y consumada, brindando las mejores escenas a un director libidinoso, ansioso de posturas y gozos.

Ella siempre soñó con ser artista. Y ahora lo era. Lo reflexionó sin hacerle caso al absurdo de la elucubración. Por fin era actriz y consumada, brindando las mejores escenas a un director libidinoso, ansioso de posturas y gozos.

Pese a verse descubierto con las manos en la masa, Jaime no se inmutó. Y como todo es energía y la energía se transforma, el desparpajo de este hombre captó las señales que emitía el cuerpo desnudo de Katty y su mirada de fuego. Fue cuando recordó la libreta en la cocina.

Hacía un mes que se lo había pedido por un asunto de vecinos, que involucraba a una vieja, un perrito ladilla y ciertos asuntos escatológicos.

El número telefónico de Katty. Allí lo tenía, en esa libreta de pajaritos y flores que le dejó María, la cocinera que ya no venía porque ella sí respetaba al coronavirus.

Bajó corriendo y casi se tropieza con los escalones. Tomó el aparato y marcó los siete números que le separaban de la voz de sus fantasías.  Hablaron, fue rápido.

Él siempre lo supo. Cuando compró el telescopio sabía que le traería suerte. Tantas noches de pecado solitario llegaban a su fin.

Él siempre lo supo. Cuando compró el telescopio sabía que le traería suerte. Tantas noches de pecado solitario llegaban a su fin.

Corrió a su habitación, seleccionó su mejor camisa y se roció el cuello con la fragancia que lo volvía irresistible. Al menos eso se decía a sí mismo mientras esperaba la llegada del ascensor. ¿Será la vieja de la planta baja quien lo retiene? ¿Por qué coño no termina de llegar el maldito ascensor?

Pensó usar las escaleras, pero se arrepintió. El olor de su colonia se diluiría entre el sudor y el tiempo.

No llegaba. Esa vieja del coño siempre jodiendo

Al fin. Suena la campanita. Se abre. Pero en lugar del espejo y el ventilador, Jaime se encuentra con dos negros inmensos, con cara de pocos amigos.

No le dio tiempo de nada. Los acontecimientos sucedieron en un abrir y cerrar de ojos.

La ventaja de estar casada con un enchufado son los perks que acompañan el paquete. Katty tenía familiaridad con ellos. En resumidas cuentas, no solo Calixto había sido convidado para el alivio de unas necesidades que el banquero no capta, mucho menos sacia. Estos dos tercios eran sus perros guardianes… y mucho más.

La ventaja de estar casada con un enchufado son los perks que acompañan el paquete. Katty tenía familiaridad con ellos.

El pobre de Jaime lo comprendió tarde. De haberle hecho caso a su madre, quizás las cosas hubiesen tomado otro giro. Sí, siempre se lo dijo: Jaime, cuídate del karma…el karma existe, pórtate bien.

Los negros no necesitaron la llave. De una patada irrumpieron en el apartamento, arrastrando al propietario como quien lleva un saco de papas.

Subieron hasta la azotea.

La cabeza de Jaime se partió como una patilla, abriéndose en su cogote el espacio requerido para que el telescopio cupiera allí dentro… un telescopio que era de otro color pero se tiñó de rojo.

La jaula de Paco colgaba en el tendero junto a los calzoncillos de Jaime, con las rejillas abiertas y algunas plumas encajadas. La noche seguía iluminada, la luna bella, grande y llena.

Katty observaba desde su ventana. La distancia no era problema para su visión 20/20.

Sus multifacéticos guardaespaldas levantaron al muñeco de trapo, su vecino impertinente. Fueron segundos, segundos de gloria. Pero esta vez no fueron plumas las que volaron por los aires, tampoco un loro decapitado.

El volador era Jaime, sí Jaime, el vecino quesúo; que hacía ya un mes -con tanto descaro mal disimulado- le había solicitado su número telefónico: para contactarte si la perrita de esa vieja del coño vuelve a cagarse en la entrada del edificio, y tengamos que hacer algo al respecto.



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4 Comentarios

  1. Betty Judith Fernandez de Linares

    Pensé que ya nada me haría reír en mucho tiempo  pero está  corta historia logro ese milagro moría  de risa  ..saber que mantienes el ingenio intacto en estos momentos de incertidumbre  como el que  vive Venezuela es digno de admiración un abrazo  Enviado desde Yahoo Mail con Android

    Le gusta a 1 persona

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