La filosofía de Sócrates en Antígona y en Mike Pence

En la Grecia Clásica los valores humanos se erigieron sobre las premisas de la virtud (areté), el honor, la verdad, el coraje y la ética[1], entendiéndose esta última como la necesidad de ser coherentes en la vida, coincidiendo palabras con acciones, logrando una mente racional, y un comportamiento autónomo, capaz de discernir con la luz de la razón aquello que es moralmente correcto, de lo que no lo es.




Para Sócrates (470 a. C. – ib., 399 a. C.)  la vida de una persona debía ser virtuosa, cónsona con aquello que predica y siempre tener como norte el conocimiento de la verdad. La sociedad debía ser un reflejo de estos valores, y para que la misma funcionase, era fundamental el respeto a las normas de comportamiento reflejada en el espíritu de las leyes. Muy importante para Sócrates es el orden social sostenido, a partir del respeto al sistema normativo y a las instituciones. Atenas y su grandeza reposan sobre las bases de ese contrato social, la adecuación del comportamiento a unas normas que debían respetarse para salvaguardar la convivencia pacífica y la armonía. 



Cuando a Sócrates lo condenan, el juicio no es precisamente un ejemplo de justicia. La citación establece lo siguiente:

Ha sido registrada y jurada la siguiente acusación de Meleto, hijo de Meleto de Pito, contra Sócrates, hijo de Sofronisco de Alopece: Sócrates comete un crimen al no adorar a los dioses que la ciudad tiene registrados. Igualmente quebranta las leyes al corromper a la juventud. La pena que le corresponde es la de muerte[2].

El juicio refleja una parcialidad hacia Sócrates debatible y su origen fue producto de rumores y calumnias fácilmente contestables[3]. No obstante, con un resultado de 281 votos en contra y 275 a favor[4]; Sócrates es condenado a morir.  Ya en la cárcel, a la espera del día de ejecución de la sentencia, el filósofo es visitado por su amigo y pupilo Critón[5], un hombre poseedor de bienes de fortuna y relaciones, acostumbrado a lograr sus objetivos. El pupilo intenta que su maestro se escape y salve su vida. Pero Sócrates, aplicándole la mayéutica[6], explica a Critón que para ser coherente con su vida lo principal debía ser respetar la decisión de los jueces, por más injusta que ésta fuese.



El juicio y las leyes aplicadas eran parte de un entramado institucional que debía preservarse para garantizar el funcionamiento armónico de Atenas. Si cada hombre decidiese hacer justicia con sus propias manos, basándose para ello en su propio criterio sobre la injusticia de esas normas, entonces Atenas se desmoronaría, precipitándose en un caos ingobernable.  Y él como hombre no podría respetarse a sí mismo, mucho menos ser sujeto del respeto de los demás, si ante la encrucijada en que se encontraba hubiera optado por relajar sus principios morales y sus convicciones, irrespetando un orden social que, para mantenerse, exigía el acatamiento de las normas, por más rigurosas que éstas pudiesen ser. 



Para Sócrates, a diferencia de los sofistas, la ética es un principio absoluto, no dependiente de las circunstancias; se trata de un valor inflexible y esencial para lograr una vida virtuosa. El tema de la ética fue a partir de la filosofía de Sócrates que adquirió una connotación trascendental y se volvió un asunto vital para los hombres. El filósofo Antonio Hidalgo, profesor de la Universidad pontificia Comillas, afirma que Sócrates fue ciertamente el padre de la ética, si por tal entendemos un pensamiento crítico que persigue el conocimiento de lo que posee validez universal para la vida humana.  Y el profesor Guillermo Gómez Santibáñez sostiene que la ética socrática se interesa en el conocimiento de la virtud para practicarla en beneficio de la polis.  



El método mayéutico de preguntas y repreguntas usando la ironía para llegar a la verdad tenía la finalidad de obligar a la persona a ejercer el juicio crítico, que le permitiese entender y diferenciar lo bueno de lo malo. Siendo lo bueno, según la filosofía socrática, aquello que le permite al hombre llevar un comportamiento virtuoso, coherente consigo mismo y en armonía con la polis. Para Sócrates la maldad era producto del desconocimiento de lo bueno, y se producía por ignorancia.



La filosofía de Sócrates, y los dilemas éticos que constantemente planteaba para inducir un pensamiento crítico y llevar a la verdad de las cosas, ejerció gran influencia en su época histórica y trascendió hasta nuestros días.  Esto lo vemos claramente reflejado en dos ámbitos diferentes y con siglos de distancia: Antígona y el vicepresidente de los Estados Unidos Mike Pence. 

Sófocles (496 a. C. – 406 a. C.) y Sócrates fueron cuasi contemporáneos. Pese a que el filósofo era veintiseis años menor que el dramaturgo, la influencia de las enseñanzas del primero sobre el segundo son innegables. En Antígona (representada por primera vez en 441 a. C.) se desarrolla la mayéutica socrática[7] y toda la obra se sostiene sobre un conflicto ético.



El Rey Creonte vela por las polis. Su deber es mantener el orden a partir del respeto a su autoridad, que pasa por hacer cumplir con rigurosidad las normas que se establezcan. Para Creonte, su decreto era un símbolo de la importancia del respeto a la integridad de la polis y del deber ser. Afirma Creonte:

Y el que en mas considera a un amigo que a su propia patria, éste no me merece consideración alguna; porque yo —sépalo Zeus, eterno escrutador de todo— ni puedo estarme callado al ver que se cierne sobre mis conciudadanos no salvación, sino castigo divino, ni podría considerar amigo mío a un enemigo de esta tierra, y esto porque estoy convencido de que en esta nave está la salvación y en ella, si va por buen camino, podemos hacer amigos. Estas son las normas con que me propongo hacer la grandeza de Tebas. (p.7)



Con el deseo de hacerse con el trono, Polinices, sobrino de Creonte, había atacado a Tebas y en consecuencia sus restos mortales, según el decreto del rey, no podían ser sepultados, tal y como lo establecían las tradiciones. Un cadáver insepulto condenaba al alma a vagar sin reposo ni posibilidad de ser acogida por los dioses. Pero la hermana de Polinices no pensaba igual que su tío. Para Antígona el dictamen del rey era una disposición tiránica que confrontaba sus convicciones éticas sobre lo correcto e incorrecto.  La sobrina de Creonte estaba consciente, al igual que Sócrates, que el actuar en consonancia con su moral le acarrearía la muerte, y aún así estuvo dispuesta a mantener sus convicciones. Dice Antígona:

  (…) yo voy a enterrarle, y, en habiendo yo así obrado bien, que venga la muerte: amiga yaceré con él, con un amigo, convicta de un delito piadoso; por más tiempo debe mi conducta agradar a los de abajo que a los de aquí, pues mi descanso entre ellos ha de durar siempre (…) (p.4).

Y ya apresada, frente a Creonte, le espeta a éste:

No era Zeus quien me la había decretado, ni Dike, compañera de los dioses subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que solo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron. No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien… (p.16).

A pesar de tener la muerte de frente como consecuencia de sus acciones, Antígona no solo hace valer sus convicciones, sino que expresa no importarle el qué dirán. En esta actitud, la hija de Edipo cumple a cabalidad los preceptos filosóficos de Sócrates respecto a la virtud de la coherencia entre los que se piensa y lo que se hace; así como el no prestarle atención a lo que puedan decir otras personas respecto a la decisión que se ha tomado.  En Critón (p.4), Platón nos cuenta cómo Sócrates le dice a su amigo que no debe preocuparse por el qué dirán: Pero, querido Critón, ¿qué nos importa esa opinión de los demás?

Por su parte, Creonte también cumple los preceptos filosóficos de Sócrates. Pese a ser considerado un tirano, y que tantos críticos le pongan como un hombre cegado por su arrogancia, pensamos que el rey de Tebas se encontraba frente a un dilema ético que le exigió confrontar sus propias convicciones y allí optó por ser consecuente con las mismas. La decisión no era fácil. Se trataba de su sobrina y sabía que el pueblo estaba pendiente de lo que haría respecto a la aplicación de la sentencia. Para Creonte la prioridad era Tebas, tal y como para Sócrates lo fue Atenas.  Todo el orden social dependía del acatamiento de su autoridad. ¿Cómo quedaría frente a sus súbditos si éstos se enterasen que alguien fue exitoso haciendo justicia con sus propias manos, en franca violación de la Ley imperante? ¿Cómo podría justificar el perdón de Antígona sin que la gente pensase que lo había hecho por ser ésta su sobrina? ¿Respetarían la ley los súbditos de Tebas sabiendo que la misma no era igual para todos?



Creonte se encontraba frente a un dilema complejo.  Su propio hijo estaba comprometido con Antígona en matrimonio y le rogó a su padre clemencia. Los rumores que le llegaban del pueblo también eran favorables a Antígona, ya que difícil era no compadecerse de su situación: una mujer sepultando el cadáver de su hermano, acatando la voluntad de los dioses, según las mismas tradiciones de la comunidad.

Pero Creonte era el rey, representaba la autoridad y su prioridad era Tebas. Polinices había invadido con un ejército extranjero, atacando al reino en aras de un fin personal. Se trataba de una afrenta grave, que confrontaba las convicciones de Creonte. Para éste, Tebas era lo prioritario y era esencial que se entendiera que cualquiera que la atacase correría la peor de las suertes.  Su decreto se fundamentó en esta idea y hacerlo cumplir era un requisito esencial para demostrar la importancia del reino y de su propia autoridad sobre los súbditos del mismo.

Tanto en los dilemas de Creonte como en los de Antígona, vemos la filosofía de Sócrates en su máxima expresión. La tragedia se produce precisamente porque la situación presentada confronta las convicciones éticas más profundas de las personas involucradas. En estas circunstancias es imposible que el final sea feliz.  Tal y como enseñó Sócrates, la ética obliga a actuar con coherencia. Tanto Creonte como Antígona lo hicieron. Ambos actuaron según sus convicciones más profundas, en el entendido que dicha actuación era buena y necesaria para el cumplimiento de un fin elevado: Para Creonte, Tebas. Para Antígona, la voluntad de los dioses.



El rey entendía que solo con el respeto de la ley se podría conservar el orden social y el respeto de la autoridad. Para Antígona esa ley era injusta y decidió hacer la justicia con sus propias manos. Como Sócrates, Antígona y Creonte entendían la ética como un valor absoluto, de imposible relajamiento, independientemente de las circunstancias.  Ambos estaban conscientes que sus decisiones acarrearían graves consecuencias: la muerte, para Antígona y el descontento del pueblo y de la familia para Creonte. Pero ambos actuaron según lo que les parecía correcto de acuerdo a sus respectivas éticas personales. Los dos fueron coherentes.  

Creonte fue el que más se parece a Sócrates en cuanto a la importancia que le dio a las Leyes humanas y su cumplimiento para la salud de una sociedad. Antígona contrastó esas leyes humanas con lo que ella consideró que eran las leyes divinas, y optó por las segundas. Pero al igual que Sócrates, Antígona estuvo dispuesta a morir por sus convicciones, por más injusta que le pareciera esa muerte. Reiteramos. Ambos eran portadores de una ética en sentido absoluto, y pese a las circunstancias, no estuvieron dispuestos a relajarla.



En el mundo moderno tenemos un caso de la vida práctica muy reciente, donde también la filosofía de Sócrates se ve reflejada. El dilema del vicepresidente de los Estados Unidos entre complacer los deseos de su jefe (y de 75 millones de personas) contra aquello que disponía la Constitución y las leyes representó una tragedia en la tradición de Sófocles, donde la virtud, la ética y la verdad estaban en juego.



Pence optó por sus convicciones: el juramento que hizo de acatar las instituciones para él representaba lo más esencial de su ética personal. Como Sócrates, esta ética para Pence es inflexible y absoluta. En consecuencia, sabiendo que sería tildado de cobarde y traidor por millones de personas en todo el planeta, Mike Pence[8] optó por respetar los dictámenes de su conciencia y sufrir las consecuencias. Al hacerlo, pensamos que puso en práctica los valores humanos más admirados por la Grecia Clásica.  





Nota: Con especial agradecimiento a Giannina Olivieri



Fuentes consultadas

ALVAREZ, Ramón (2020) “Sócrates: una pésima defensa y un final aceptado”. En: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historiaantigua/20200703/482054362631/socrates-grecia-atenas-juicio-cicuta-filosofia-platon.html

HIDALGO, Antonio (2020) “Sófocles, Sócrates y la génesis de la conciencia ética en el mundo griego”. En: https://filosofiabetica.blogspot.com/2014/11/sofocles-socrates-y-la-genesis-de-la.html

GÓMEZ, Guillermo (2017) “Sócrates y la actitud filosófica”. En: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Nicaragua/cielac-upoli/20170831085453/Socrates-y-la-actitud-filosofica.pdf

PLATÓN (2005) Apología de Sócrates. En: http://www.filosofia.org/cla/pla/azc01049.htm

PLATÓN. Critón. En https://www.uv.es/arete/textos/platon-criton__traduccion_.PDF

RODRIGUEZ, Juan Antonio (2007). “Paidea y valores educativos en La Oración fúnebre de Pericles de Tucídides”. En: file:///C:/Users/jcfenix/Downloads/Dialnet-PaideiaYValoresEducativosEnLaOracionFunebreDePeric-2785459.pdf

SÓFOCLES. Antígona. En: https://www.pieresko.net.ar/libros/Gredos/S%C3%B3focles%20-%20Antigona.pdf


[1] Estos valores están plasmados de manera muy hermosa en La Oración fúnebre de Pericles, tal y como la recoge Tucídides. Ver: file:///C:/Users/jcfenix/Downloads/Dialnet-PaideiaYValoresEducativosEnLaOracionFunebreDePeric-2785459.pdf

[2] Esta citación fue así de acuerdo a diversas fuentes, tal y como sostiene Ramón Álvarez en: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-antigua/20200703/482054362631/socrates-grecia-atenas-juicio-cicuta-filosofia-platon.html

[3] Ver Platón. Apología de Sócrates: https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Platon-Apologia-Socrates.pdf

[4] Ver: https://cdn.website-editor.net/33a8871d66e14c2ba0a24b619954bc3f/files/uploaded/Acusaci%25C3%25B3n%2520%2520defensa%2520condena%2520y%2520muerte%2520de%2520socrates.pdf

[5] Ver Platón. Critón: https://www.uv.es/arete/textos/platon-criton__traduccion_.PDF

[6] Sobre la Mayéutica: https://contrainformacion.es/la-mayeutica-de-socrates/

[7] La mayéutica la observamos en el diálogo entre Creonte y Antígona, donde el Rey, a partir de preguntas y repreguntas, desea que Antígona entienda la importancia de la ley y por qué su comportamiento es deplorable. (p.16/22).

[8] Al evitar que se aplicara la enmienda 25, Pence salvó a Donald Trump de su inhabilitación política. En el futuro, la historia posiblemente recogerá que, gracias a su acatamiento constitucional en la certificación de los votos en el Congreso, Pence no fue sustituido (algo que hubiera pasado si desacataba el Orden Jurídico o renunciaba en protesta al fraude). Al mantenerse en su cargo, pudo evitar la aplicación de la Enmienda que su sustituto posiblemente sí hubiera aplicado.  Su ética socrática resultó ejemplar y conveniente.


Un comentario

  1. Sol Castro

    Saludos, total acuerdo con el preámbulo sobre la ética, su valor y consecuencias. Pero una pregunta; la moneda que recibió, simuló devolver y luego guardo. No echa por tierra cualquier ética que sus valores tuviera? La solidez de la expresión corporal de la productora de impeachments, también le echa leña al fuego, hablando coloquialmente.
    Saludos cordiales

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