ROPE

En 1924 Richard Loeb (18) y Nathan Leopold (19), adolescentes con coeficientes intelectuales astronómicos, que ya tenían cuatro años estudiando en la Universidad de Chicago (Leopold pronto sería transferido a Harvard Law School), leían a Nietzsche y su tesis del Übermensch . Caprichosamente interpretaron las posturas del filólogo alemán y llevaron sus conclusiones hacia territorios tenebrosos. Las normas éticas y morales eran problema para las mentes inferiores.

Y entonces pusieron en práctica una dinámica homosexual amo – esclavo, donde el crimen se tornó un juego excitante, con diversos niveles. Al principio serían delitos simples: hurtos aquí y allá, el robo de un vehículo, el incendio de una oficina.

Los éxitos logrados con la impunidad de sus fechorías fueron armándoles de valor y seguridad, hasta que llegó el momento de la prueba final, la que les consagraría como Übermenschs. Estaban convencidos que los sentimientos y la culpa no constituían elementos propios de un superhombre. Los genios no tenían ese tipo de molestias, porque solo la razón, el cálculo y la autocomplacencia ocupan espacio en sus existencias.


Nathan Leopold (1904/1971) y Richard Loeb (1905 / 1936)

Y así, una tarde soleada de primavera decidieron cometer el “crimen perfecto” y comprobar que para ellos asesinar a un ser humano era igual que aplastar a un mosquito. Cual dioses del Olimpo pondrían en práctica la convicción de su derecho a decidir sobre la vida y la muerte de las personas “inferiores”. Eligieron azarosamente a su víctima: Bobby Franks (1909 / 1924), de catorce años.


Bobby Franks

Le invitaron al vehículo. El niño, que era primo de Loeb, no tuvo problemas en aceptar. Tomó asiento al lado de Nathan, quien manejaba. Atrás estaba Richard. Sucedió muy rápido.

Recibió varios martillazos en la cabeza. Para despistar sobre su identidad, su rostro y genitales fueron bañados en ácido. El cuerpo fue abandonado en un lugar inhóspito, el hueco de una cañería, en un sitio donde Leopold solía llevar a grupos de alumnos para enseñarles sobre el comportamiento de las aves, una de sus especialidades.

Semanas después, los anteojos de Leopold hallados en el lugar donde la policía levantó al cadáver, ciertos detalles en la tipografía de la carta que solicitaba el rescate, incongruencias aquí y allá, lograron descubrir a los culpables, obtener sus respectivas confesiones y someterlos a lo que se llamó “el juicio del siglo”.



Durante el procedimiento judicial, Clarence Darrow , quizás (junto con Alan Dershowitz) el mejor penalista de todos los tiempos, usando excusas del tipo “infancia de carencias afectivas”, logró salvar a los jóvenes de la pena capital.



Siete años después, en 1936, Richard Loeb sería asesinado por otro reo por un asunto sexual y de dinero, tras recibir cincuenta puñaladas. Por su parte, Nathan Leopold añadió quince nuevos idiomas a los doce que ya hablaba cuando fue recluido, reformó el sistema administrativo y educativo de la cárcel, construyó una biblioteca y, tras 33 años preso (la sentencia era de 99 años), se le concedió la libertad por buen comportamiento. Moriría en Puerto Rico como un ciudadano honorable y casado, practicando la medicina y ayudando a jóvenes problemáticos.


Clarence Darrow (1857/1938)

El crimen no tan perfecto de los adolescentes que se creyeron superhombres encandiló la imaginación y el morbo de millones de personas, que a diario seguían las noticias de primera plana en todos los periódicos de Chicago y buena parte del planeta.





Entonces, el dramaturgo británico Patrick Hamilton se inspiró para escribir Rope (“La Soga”) (1929).




Pese a negarlo, la obra del escritor está salpicada del crimen de Chicago desde la primera hasta la última escena. En su guion, dos estudiantes homosexuales bien posicionados socialmente, Wyndham Brandon (interpretado por Sebastian Shaw) y Charles Granillo (“Granno”- Anthony Ireland), organizan una fiesta en su casa de Mayfair. Un compañero de clase, Ronald Kentley, es invitado a una hora más temprana que el resto de los convidados. Le sirven un trago y charlan amenamente. Al cabo de un rato, los anfitriones deciden llevar a cabo su experimento para ratificar su superioridad intelectual. Toman una soga y ahorcan a su invitado, metiendo el cadáver en un baúl, al que le ponen un mantel y le colocan candelabros, junto con los platos y cubiertos que se usarán para la cena.


Patrick Hamilton (1904/1962)

Comienzan a llegar los invitados: la novia de Ronald, la ex pareja de ésta, sus padres y el profesor de los muchachos, Rupert Cadell (Robert Holmes), quien fue su instructor en Nietzsche y demás asuntos filosóficos.
La cena se convierte en un juego mental de indirectas, alegorías y retos adivinatorios. Se discuten teorías y entre ellas se habla del Übermensch y el derecho de las mentes superiores a decidir sobre la suerte de las inferiores, incluyendo sus vidas. El profesor bromea con el tema y pone ejemplos hilarantes del tipo temporada de muerte por asfixia; semana de acuchillamientos; 24 horas de asesinato por arma de fuego, y cosas así.

Pasa el tiempo y Ronald no llega. El profesor siente vibraciones extrañas, en la atmósfera se respira el miedo, Granno se está delatando con expresiones faciales y verbo. La sospecha es inevitable, algo raro sucede.
El padre de la víctima se preocupa por la ausencia de su hijo, su ansiedad se va transformando en intensa preocupación y decide marcharse para averiguar qué le ha sucedido. Todos los invitados le secundan.

Pero al rato suena el timbre y es el profesor, que regresa con la excusa de haber olvidado algo. Así comienza un debate intelectual entre el maestro y sus pupilos.

Cuando abre el baúl, la sospecha de Rupert se transforma en certeza. Brandon se justifica argumentando su superioridad intelectual y esgrimiendo las tesis de filólogo alemán, esas mismas que el profesor tanto les inculcó.



El maestro se siente avergonzado y les explica que jamás sus palabras tuvieron esa intención. Fue mal interpretado. Le espeta a Brandon: Toda mi vida pensé que al absurdo de la vida se le respondía con la razón y un intelecto superior. Y ahora vienes tú y me escupes mis propias palabras en la cara … Pero no. Algo muy dentro de mí impidió que yo jamás pensara hacer algo como esto; y algo que llevas tú adentro hizo que cometieras esta monstruosidad ¿Qué derecho tienes de considerarte superior a nadie? ¿Qué te hizo pensar que podías apagarle la luz a un muchacho que pudo vivir, soñar y amar de una forma que tú jamás podrías? ¿Qué cosa horrorosa tienes en tu interior que te impulsó a matarlo y servir sobre su tumba comida a sus padres? Y ahora vienes a justificar tu crimen con una filosofía que en nada significa eso que tú deseas para así poder racionalizar y justificar tu crimen. No Brandon… ahora yo puedo hacer algo al respecto…haré que paguen por esto…ustedes van a morir…la sociedad se encargará de hacerle justicia a Ronald. Pagarán por esto con sus vidas.

Y seguidamente abre la ventana y hace varios disparos con una pistola de Brandon, que supuestamente el joven tenía en su poder por temas de seguridad personal. La obra culmina con el sonido de las sirenas de las patrullas policiales acercándose, y Brandon preparándose un trago.



La pieza teatral de Hamilton consta de tres actos continuos, solo separados por la caída del telón al finalizar cada uno. Los diálogos son incesantes y el escenario nunca cambia. Fue presentada la primera vez en el teatro Strand, de Londres, el tres de marzo de 1929. Luego pasó al teatro Ambassadors del West End londiense. Posteriormente, con el título de Rope´s end, fue presentada en el teatro John Golden (ahora Masque) de Broadway, el 13 de septiembre del mismo año.


La obra de teatro alcanzó tal éxito que fue interpretada por algunos de los mejores actores de la época, en casi todos los escenarios importantes del mundo, durante décadas, hasta nuestros tiempos. También fue llevada a la televisión inglesa, australiana y cuenta con tres versiones cinematográficas.



En 1948, haciendo ligeros cambios al guion, Alfred Hitchcock hizo su propia versión, con James Stewart en el rol de Ruper Cadell, el profesor de filosofía, no de 29 como en el libreto de Hamilton, sino de cuarenta años y sin lesiones de guerra. Tampoco los jóvenes estudian en Oxford, sino en Harvard.




El director inglés radicado en Hollywood logró recrear un montaje que da la sensación al espectador de estar presenciando una obra de teatro. Salvo la primera escena, que sucede en la calle (al igual que en el trailer, donde hay escenas exteriores que no salen en el film), el resto del tiempo hay un solo escenario y la cámara sigue a los personajes en cada detalle de su desenvolvimiento. Para esto, Hitchcock les puso ruedas a las paredes y al mobiliario, de modo que se pudieran alterar velozmente sin interrumpir la filmación de las diez tomas, que duraban, cada una, los minutos corridos que alcanza el rollo de film.

El escenario -un apartamento lujoso de Nueva York- así como el vestuario y las conversaciones reflejan un ambiente refinado, de clase alta, signado por la sofisticación de los protagonistas, en especial de Brandon (John Dall), líder y arquitecto del horror, quien le dice a su amante: Sabes que siempre que hago algo lo llevo a cabo a la perfección.



Para provocar la sensación teatral, la película casi no fue editada y representó una forma de hacer cine que nunca se había experimentado con anterioridad, ni siquiera por el genial Orson Welles.

El escenario del fondo fue el más amplio jamás usado. Incluía modelos de los edificios Empire State y Chrysler. También el humo de las chimeneas, edificios iluminados, señales de neón, y un atardecer que va sucediendo mientras avanzan los acontecimientos. Las nubes, hechas de fibra de vidrio, cambian ocho veces de forma y posición. Casi todos los planos de las escenas, culminan haciendo un paneo en contra o siguiendo a un objeto concreto. Por ejemplo, la chaqueta de un actor, o la parte trasera de algún mueble, bloqueando totalmente la pantalla. Con esta técnica, que proporciona la impresión de una acción continua y también sirve para alargar dicha acción en la mente del espectador, Hitchcock logró enmascarar la mitad de los cortes realizados en la película.




En el año 2002, Antonio Damasio publicó un ensayo en la revista Scientific American afirmando que el tiempo del encuadre abarcado por el film, que dura ochenta minutos y supuestamente sucede en “tiempo real”, realmente es más prolongado, alcanzando un poco más de cien minutos. Según Damasio, esto se pudo lograr gracias al aceleramiento de la acción: por ejemplo, la cena formal solamente dura veinte minutos, el sol se pone muy rápidamente, y así …




La película recaudó un poco más de dos millones de dólares en Estados Unidos y setecientos mil dólares en el resto del mundo. Al principio recibió críticas polémicas y nada consensuales en cuanto a su calidad. No obstante, ha envejecido bien y actualmente se le considera una obra maestra del cine, una genuina recreación del teatro en la gran pantalla.


A pesar de ello, el dramaturgo Patrick Hamilton, quien padeció de alcoholismo su vida entera y de eso murió, jamás aprobó el trabajo hecho por Hitchcock y afirmó que buena parte de la tensión psicológica y el misterio de su obra de teatro se perdieron en la película.



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