Literatura

Tres miradas al adiós de Venezuela

Analizamos los ensayos Ficciones diaspóricas: identidad y participación en los blogs de tres desterradas venezolanas, de Raquel Rivas Rojas; ¿Irse o quedarse? La migración venezolana en la narrativa del siglo XXI, de Luz Marina Rivas; y Blue Label/Etiqueta Azul, de Eduardo Sánchez Rugeles: una historia que cruza fronteras, de Katie Brown.

            Raquel Rivas afirma: En los textos de estas mujeres que escriben fuera de los límites geográficos de su lugar de origen la representación se construye desde el afecto y la cotidianidad. Particular interés despiertan los textos de la periodista Mirtha Rivero, quien desde México desahoga sus penas escribiendo artículos donde confiesa sentir culpa por las comodidades encontradas afuera. Manifiesta un sentimiento encontrado cada vez que le sucede algún cambio trascendental en su existencia, como la mudanza a una casa propia. Representa una psique que no termina de asumir su nueva vida y queda como suspendida en un limbo de sensaciones nostálgicas, que nunca le quitan el sabor de ser una expatriada. Rivas también menciona las piezas publicadas por Leila Macor, quien, en tono un tanto humorístico, expresa su dificultad de adaptación al suelo extranjero, a partir de elementos como el acento fonético y la idiosincrasia. Hace hincapié en la forma de ser del venezolano, por ejemplo, la práctica del latrocinio. Con tono maniqueo, lo presenta como un rasgo típico, cuando solo se trata de su visión particularísima y una percepción autocrítica que sería injusto universalizar.            

Y finalmente, menciona textos de Lilian Lara, quien, a partir del mapa de Maturín, que su esposo guinda en la pared, construye un “abecedario del hastío” para realizar reflexiones en donde la memoria hace trazos híbridos, fusionando los territorios de Israel, donde reside, con el maturinés, que dejó atrás. De esa manera, deja entrever una predisposición a mezclar las posiciones identitarias que reflejan “una encrucijada cultural”: Por este abecedario transitan las dichas y los miedos, los conformismos y las rebeldías de quien se adapta y se pliega a la nueva cultura; al tiempo que retrocede a veces para establecer una distancia crítica... La ensayista concluye afirmando que el análisis de los textos de las autoras seleccionadas son un reflejo de una narrativa del desarraigo, donde no se exponen ideologías políticas que puedan definirse como de la izquierda o la derecha; del Gobierno o la oposición, ya que se trata de un desarraigo visto desde la política exclusiva de los afectos, que surge de la cotidianeidad de la vida en el exilio. 


Raquel Rivas Rojas

            Luz Marina Rivas, por su parte, desarrolla en su ensayo un tema del que se escribe poco cuando se habla de la diáspora, y es el exilio que se produce en el propio país, sin necesidad de salir de sus fronteras. Se trata de un sentimiento de desarraigo producto del divorcio entre lo que se anhela como proyecto de vida y las posibilidades reales que se consiguen viviendo en Venezuela. Menciona Noche oscura del alma (2005), de Carmen Vincenti, donde (…) poco a poco el personaje irá migrando a su propio interior, dejará de comunicarse, dejará de salir de su casa, irá hacia el insilio. También hace mención a la actitud del exiliado que se muda a otras latitudes, pero no termina de aceptar su exilio. Cita Pronombres personales (2002 y 2005), de Isaac Chocrón, donde se expone la necesidad de los venezolanos de trasladar su cultura a suelo extranjero, poniendo como ejemplo unas madres que abogan por tener un kínder en Weston que sea una sucursal del que tenían en Venezuela (proyecto Westonzuela), donde se hable español para no perder su sentido de pertenencia al país del que emigraron. Así mismo, cita obras de Héctor Bujanda, La última vez (2007), y de Hensli Rahn, Bienvenida (2010), donde a partir de las experiencias de unas prostitutas se refleja la incertidumbre, soledad y vacío que presupone emigrar a un país extranjero. Rivas expone que, en la narrativa del desarraigo de los autores que cita, el rasgo común es una suerte de espacio en blanco, donde el exiliado no encuentra arraigo en ninguna parte.


Luz Marina Rivas

            Por último, Katie Brown, al igual que Luz Marina Rivas, hace reflexionar sobre este otro tipo de exilio, quizás más cercano a la experiencia de la mayoría de la población venezolana que, a pesar de no haber emigrado, se siente exiliada en su propia tierra. Para ello usa como fundamento Blue Label (2010), de Sánchez Rugeles, donde el personaje de Eugenia escribe: “Yo no soy yo, ni mi casa es mi casa”. Así expresa su sentido de desarraigo, de no pertenecer a su comunidad aburrida de clase media, y su falta de identidad. Está harta de Venezuela y espera que, como emigrante de tercera generación, la nieta de un francés, podrá salir del país y comenzar de nuevo su vida en el extranjero.


Dr. Katie Brown

            En conclusión, estos ensayos analizados exponen diferentes perspectivas de la Narrativa del desarraigo.Se trata de una visión descarnada de drama del exilio y del insilio, de la diáspora generada por la destrucción progresiva de toda posibilidad de hacer una vida normal en Venezuela. Diáspora que no presupone necesariamente la salida física del territorio nacional. Es tristeza, vacío y extrañeza.



Agradecimiento a Argenis Monroy Ph.D.



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