Literatura

Electra y Antígona: Venganza y amor familiar

Paradójico. El amor familiar constituye el motor de las tragedias, bien sea a partir de la Venganza (Electra) o de la Justicia (Antígona).  Pero no es un axioma maniqueo, “blanco o negro”. “Los villanos” Clitemnestra y Creonte también manifiestan amor filial. ¿Quién tiene la razón?

          Amor familiar, justicia y venganza son elementos neurálgicos en estas obras de Sófocles (496 a. C. – 406 a. C.): Electra y Antígona. También la presencia de dos mujeres fuertes, con capacidad de juicio autónomo y protagonismo escénico. “Por primera vez aparece la mujer como representante de lo humano con idéntica dignidad al lado del hombre” (Jaeger, 1987, p. 258). Aunque presentan importantes semejanzas, estas obras también ofrecen diferencias notables.



Mientras Electra se siente incapaz de ejecutar su venganza por sus propias manos, delegándole el asesinato a su hermano Orestes, Antígona se muestra independiente y hábil para hacerle justicia a Polinices: “(…) autónoma y en vida, tú sola vas a bajar a la mansión de los muertos (…) tu independiente carácter te ha perdido” (Soph., vv.182,188). Tanto Electra como Antígona están resignadas a no cumplir con las expectativas griegas respecto al rol de la mujer en la sociedad. “El rol de la mujer como ciudadana en relación a la polis era la producción de herederos legítimos para el Oikos” (Pomeroy, 1999, 76). Dice Electra: “Vivir sin hijos me consume, y no tengo varón amante que me asista, sino que, como si fuera indigna extranjera, trabajo en la casa de mi padre (…) y sirvo la mesa en que falta el señor” (Soph., v.15).  



Y afirma Antígona: “(…) así, presa, virgen, sin himeneo, sin llegar a alcanzar las dulzuras del matrimonio, ni de la maternidad” (Soph., v.191). El amor familiar parece jugar un rol vital en las dos tragedias. Ambas mujeres aman a sus hermanos y en los dos casos un crimen terrible empaña a la familia y la maldice. Para Electra, Orestes es su ídolo: “¡oh queridísima luz de mis ojos!” (v.287).



Por su parte, Antígona es capaz de desobedecer la ley y sufrir su propia muerte con tal de que Polinices reciba la sepultura que se adecúe a las expectativas divinas. Y surge una contradicción en Sófocles. Para Antígona obedecer a los dioses es un valor supremo y absoluto, pero esta premisa queda en duda. Solo está dispuesta a cumplir con ese valor en caso de su hermano, porque deja claro que no siempre sería así: “Porque nunca jamás, ni por mis hijos, si hubiera llegado a ser madre, ni por mi marido, si su cadáver se hubiese estado pudriendo, habría emprendido tal trabajo en contra de las leyes de la ciudad” (Soph., v.191).



En ambas obras, Sófocles nos presenta a unas hermanas débiles, incapaces de actuar por miedo a los hombres. Dice Crisótemis a Electra: “¿No reflexionas? Eres mujer y no hombre (…) la suerte, además, les es más favorable cada día, mientras nos abandona a nosotras y en nada nos ayuda” (Soph., v.184). Por su parte, Ismena espeta a Antígona: “Pues preciso es pensar que somos mujeres, para no querer luchar contra los hombres” (Soph., v.14).



          Fuerza de carácter de las mujeres protagonistas, amor filial en víctimas y victimarios, maldición familiar y hermanas débiles marcan a las dos tragedias. Pero quizás el elemento que más las diferencia es la manera de afrontar el crimen. Electra es la historia de la venganza: De Clitemnestra hacia Agamenón, por el asesinato de Ifigenia: “Pues ningún derecho tenían para matar a mi hija” (Soph., v. 77); y de Electra hacia su madre, por el asesinato de su padre: “¡Oh mansión de Plutón y de Proserpina! ¡Oh infernal Mercurio, oh augusta diosa de la maldición y venerables deidades de la venganza (…) venid a ayudarme, vengad la muerte[1] de mi padre (…)” (Soph., v.7).



En cambio, en Antígona el móvil es el deseo de hacer justicia, tanto en la protagonista, como en el caso de su némesis, Creonte: “(…) en el altísimo trono de la justicia (…)” (Soph., v.186). El único momento donde se habla de venganza, es al final, cuando la reina Tiresias llora la muerte de su hijo y culpa a su esposo: “Por lo cual, las vengativas furias[2] de Plutón y de los dioses, que tras sí llevan la ruina, te están acechando para envolverte en males iguales a éstos” (Soph., v. 224).




          Paradójico. El amor familiar constituye el motor de las tragedias, bien sea a partir de la Venganza (Electra) o de la Justicia (Antígona).  Pero no es un axioma maniqueo, “blanco o negro”. “Los villanos” Clitemnestra y Creonte también manifiestan amor filial. ¿Quién tiene la razón?

Además, surgen contradicciones en las formas de percibir a la mujer (¿Fuerte o débil?) y en cómo responder a los crímenes (Venganza o Justicia). Tampoco estos conceptos de Justicia y Venganza se trabajan con criterios absolutos, hay oposiciones y contradicciones. La respuesta de estos dilemas es compleja.




Agradecimiento a María Fernanda Di Muro


Referencias bibliográficas

Jaeger, Werner (1987). Paidea. México: Fondo de Cultura Económica.

Pomeroy, Sarah, et.al. (1999). La antigua Grecia Historia política, social y cultural. Edit. Crítica

Sófocles (1981). Tragedias. Madrid: Editorial EDAF.


[1] Subrayado nuestro

[2] Ídem.



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