Literatura

Un bully llamado Graciela

Esa frialdad femenina me perturbó. No hizo el mínimo intento por al menos transmitir algún tipo de emoción que protegiera a su víctima del derrumbe. Para ella, lo que tenía de frente no era un ser humano, sino un producto no apto para su negocio. Y no era prostituta.

Cuando salí de aquel bar, caminé por las calles húmedas y oscuras, apenas iluminadas por faroles destellando luces agonizantes. No me apetecía socializar. Me siento así en situaciones en las que me permito reflexionar sobre la condición humana. La chica de los ojos luciferinos que rechazó al gordito simboliza lo que creo que no funciona en el mundo y que nos tiene a todos preguntándonos por el sentido de la vida.

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